Elisa Díaz Castelo

ME INTERESA MUCHO LA LITERATURA HÍBRIDA: ELISA DÍAZ CASTELO

En Malacría las protagonistas, incluso las de cuatro patas, se mueven en casas en ruinas y polvosas, pueblos inundados y albergues para perros rescatados como si entraran en sus propios recovecos de la memoria. El lector acompaña la búsqueda de Ele y entra y sale de planetas paralelos, fotografías recortadas, listas obsesivas y libros de contabilidad que poco a poco lo atrapan en una tensión narrativa que se libera de forma luminosa.

Ciudad de México, 5 de agosto (MaremotoM).- Poeta y traductora multipremiada, Elisa Díaz Castelo (CDMX, 1986) se sentía más cómoda en la forma breve, pero como es lectora asidua de novelas desde la adolescencia, mantuvo siempre y no tan en secreto el desafío de escribir una novela.

Varias veces intenté escribir una novela y fracasé, porque me parece una forma muy desafiante. Cada escritor tiene una propensión hacia ciertos tipos de géneros, unos más que otros, a cierto tipo de forma y la forma breve creo que me resulta más manejable y en mi experiencia escribiendo novelas o tratando de escribirlas se volvía un universo tan complejo que no podía controlarlo y eventualmente, al final de cuentas, colapsaba.”

Sin embargo, Díaz Castelo siempre quiso escribir una novela y cuando el Gran Encierro lo permitió, hace 4 años, acometió el reto. Elisa quería un artefacto narrativo que desafiara las formas del género, que prestara atención especial al lenguaje y que se ocupara de esos temas que la obsesionan: la herencia del trauma, la cicatriz como memoria, los secretos sombríos que se vuelven destino.

Así surgió Malacría (Sexto Piso, 2025) una novela calidoscópica sobre un linaje de mujeres solitarias que se salen del cuerpo para soportar la realidad. En Malacría, Ele pierde a su madre Perla e inicia una búsqueda que la lleva a desentrañar su relación con su progenitora y con su abuela Cecilia y a encarar los claroscuros de la soledad, el incesto, la demencia y la autoflagelación.

En Malacría las protagonistas, incluso las de cuatro patas, se mueven en casas en ruinas y polvosas, pueblos inundados y albergues para perros rescatados como si entraran en sus propios recovecos de la memoria. El lector acompaña la búsqueda de Ele y entra y sale de planetas paralelos, fotografías recortadas, listas obsesivas y libros de contabilidad que poco a poco lo atrapan en una tensión narrativa que se libera de forma luminosa.

Conversamos con Díaz Castelo a propósito de esta su primera novela, en un momento que le deja la crianza. “Ahora digo que tengo mi cría y a la Malacría”, bromea.

–¿Cuál fue el reto que te propusiste con Malacría?

–Me interesa mucho la literatura híbrida, que establece vasos comunicantes entre distintos géneros o que duda de la existencia misma de esas fronteras un tanto artificiales entre los géneros. Quería que esa novela no se resistiera a vincularse con el lenguaje de una manera que consideramos tradicionalmente poética, es decir, que prestara una atención peculiar al lenguaje y que lo tratara como una materia, que creo que eso es para mí lo que hace la poesía, detenerse en el lenguaje, mirarlo como algo que no sólo nos está señalándose el significado, sino que existe en sí mismo dentro del mundo de las cosas, el lenguaje como materia.

Elisa Díaz Castelo
Malacría, editada por Sexto Piso. Foto: Cortesía

–Has dicho Malacría es una novela sobre la herencia del trauma, ¿fue doloroso hacerla?

–Pues sí, francamente sí, porque a pesar de que no es una novela autobiográfica, al inicio sí era mucho más cercana a mi propia vida y se fue distanciando, adquirió su propia existencia. No es en absoluto autobiográfica, pero sí trato temas que son importantes en mi historia familiar y sobre todo pues la herencia del trauma, que es el tema en el que me enfoco. Entonces sí fue difícil de escribir y muy dolorosa por momentos.

–Muchas ven en Malacría “una historia de mujeres solitarias que se buscan y pierden en universos paralelos” pero hay también en sus páginas la voz de una perra por ahí. ¿Hablanos de esa visión perruna de las protagonistas?

–No sé si soy team perro porque tengo dos gatos, pero sí crecí con muchos perros. Así que de alguna forma soy de los dos. No sé si eso es legal, pero me gusta la verdad.  Me interesaba mucho retratar el mundo del rescate de perros, porque es todo un submundo particular de la Ciudad de México, donde hay tantísimos millones de perros y donde algunas personas se dedican buena parte de su vida y de sus ingresos a rescatar, rehabilitar y luego poner en adopción perros recogidos. Yo crecí muy cerca de ese mundo y me parece interesante y digno de ser retratado. Entonces, por eso quise que sucediera dentro de ese universo. También, muy pronto, en la escritura del libro, me di cuenta de que quería que una de las protagonistas fuera un perro, ¿no? Y eso es otro de los retos para mí en la escritura de la novela, porque creo que estamos, obviamente, muy acostumbradas a escribir desde el punto de vista humano. Y, de hecho, ni siquiera sabemos cómo perciben la realidad otros seres vivos. Eso es una de las grandes cuestiones, era muy importante para mí pensar en otras maneras de percibir la realidad más allá de la humana.

–¿Crees que los perros son guías dimensionales como afirman todos los mitos o todas las leyendas?

–Pues sí quería jugar un poco con ese mito del perro como guía, en especial con un perro que se llama Aldol, que es un perro blanco que desaparece también en la novela y que de pronto aparece espectralmente. Quería jugar con ese tono, el perro como guía a otros mundos que creo que es de origen nahua ese mito. También veo en esta novela una narración obsesiva con la luz, con esos rayos que se cuelan por cortinas o por generar lugares de atmósferas sombrías, casas en ruinas, habitaciones en prenumbra.

Elisa Díaz Castelo
Elisa Díaz Castelo, una escritora de la nueva generación Foto: Cortesía / Germán Espinoza

–¿Es este el ambiente propicio para que surja tu poesía? O sea, ¿eres muy dark?

Supongo que sí, creo que muchos tenemos temas recurentes, quiza creemos que estamos escribiendo el mismo texto pero trabajándolo desde otros sitios. Y hay temas a los que uno vuelve y a veces no se da cuenta. Como, por ejemplo, a mí me han hecho notar mucho el color rojo en esta novela y la verdad es que no era algo intencional, pero ahí está y también está presente en mi libro de cuentos que se llama El libro de las costumbres rojas y ahí sí, conscientemente trabajé mucho el color rojo.Las descripciones sobre la luz sí he notado que están muy presentes en la novela, De cómo se filtra la luz en ciertos espacios, pero quizás eso tiene más que ver con la forma en la que yo me fijo en el mundo, Las cosas que noto, la relación con la entropía.

–¿No todo está perdido en tu mundo literario?

–Me interesa dejar el final abierto para que fuera posible interpretar varias cosas de manera simultáneas,  que de hecho es algo que me han reclamado. A algunas personas les gusta el final y otras se han quejado porque es bastante abierto. También es interesante que algunas personas lo interpretan totalmente de una manera y otras de otra. No voy a decir exactamente cuáles, pero bueno, sí, dejé abierta la puerta hacia un final más luminoso, o al menos eso espero.

–¿Qué te da fuerza para seguir escribiendo en este mundo a veces más sordido que la ficción?

–Últimamente creo es difícil escribir y tener fe en la escritura y las artes, por la dimensión de horror que está sucediendo de forma simultánea en varias partes. Hay días en los que me siento más esperanzada con respecto a la relación con el lenguaje y con la escritura y días en los que realmente pierdo la fe sobre el potencial de lo literario.

–¿Qué sigue para ti?

–Mi ritmo ahora es distinto porque tengo un bebé, siempre digo que tengo a la cría  y a la malacría y me he tenido que adaptar porque es mucho trabajo también la crianza, pero estoy entre eso y empezando nuevos proyectos. Ahora voy a entrar a una residencia en la Casa 100 años, donde voy a tener la oportunidad de comenzar nuevos proyectos en escritura y estoy muy emocionada por eso.

 

 

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