Criptoarte en el Blockchain no es solo un manual sobre NFTs o tecnología. Es una meditación sobre el espíritu de la creación en un tiempo acelerado. Con un lenguaje accesible y una mirada humanista, Peraza combina economía, filosofía y arte para preguntarse —y preguntarnos— si el alma puede habitar en lo digital.
Ciudad de México, 7 de octubre (MaremotoM).- El escultor Miguel Peraza, uno de los artistas mexicanos más reconocidos dentro y fuera del país, celebra medio siglo de trayectoria con un libro que parece hablar del futuro: Criptoarte en el Blockchain (Colofón). En él no hay nostalgia, sino exploración. Peraza no teme a las nuevas tecnologías ni al vértigo digital; por el contrario, las asume como una extensión natural de la creación.
“El pincel o el cincel son herramientas que uno utiliza para lograr la obra”, dice. “Estas nuevas tecnologías también lo son, solo que implican una modificación de costumbres, de códigos, de información, y no todos estamos dispuestos a ese cambio. Pero si el arte es vida, no puede quedar atrapado en la trinchera de la costumbre”.
El libro plantea un recorrido entre lo estético, lo económico y lo filosófico. ¿Qué sucede cuando una obra ya no se toca, sino que se encripta en una cadena de bloques? ¿Qué ocurre con la noción de autenticidad, con el mercado, con la propiedad?
“Estamos ante un cambio radical”, explica Peraza. “La inteligencia artificial, el blockchain, los grandes números, todo eso está transformando la manera en que creamos y percibimos. Como ha pasado en todas las revoluciones tecnológicas, lo primero que aparece es el miedo: miedo del artista, del científico, del usuario, pero ese temor nace del desconocimiento”.

Para Peraza, comprender estas herramientas no significa rendirse ante ellas, sino utilizarlas críticamente. “La humanidad siempre se ha enfrentado a lo nuevo con sospecha”, agrega. “Pero cada vez que nos resistimos, perdemos la oportunidad de evolucionar. El arte no se destruye con lo digital: se multiplica”.
Autenticidad, mercado y falsificación
El escultor —autor de más de mil obras y cuarenta monumentos repartidos por México y el mundo— sabe bien que la autenticidad es una vieja preocupación del arte. La falsificación existía mucho antes de que apareciera el blockchain.
“El tema de la falsificación es tan antiguo como la propia creación”, afirma. “El mundo digital tiene hoy formas de certificar y autentificar las obras de arte. Es una herramienta poderosa para protegerlas, pero también exige conocimiento. No basta con usar la tecnología: hay que entenderla”.
En Criptoarte en el Blockchain, Peraza explica que el fenómeno no debe verse como un capricho de mercado, sino como una nueva etapa del comercio del arte. “Los mercados emergentes digitales son consecuencia de los anteriores. Lo que cambia es la forma, no el fondo. El artista sigue buscando comunicar, pero ahora lo hace en un entorno que no siempre puede tocar”.
Miguel Peraza no reniega de su oficio tradicional. Es escultor, trabaja el metal, la piedra, el bronce, pero eso no le impide sumergirse en el universo digital. “No voy a dejar de ser escultor como lo aprendí, pero tampoco voy a renunciar a explorar lo nuevo”, dice. “Estamos migrando tecnológicamente. El cerebro tiene otra disposición cognitiva y despierta áreas diferentes. Mi trabajo como artista es entender esa mutación y explicarla desde lo espiritual”.

Para Peraza, la escultura es el arte que más se asemeja al cuerpo humano, “por eso es tan contundente”. Sin embargo, reconoce que hoy se mueve menos dentro del mercado de las artes visuales. “La escultura requiere espacio, materia, contemplación y el mundo actual parece ir demasiado rápido para eso”, reflexiona.
“El arte siempre se reinventa. No se trata de ceder la creatividad a las máquinas, sino de ampliar la sensibilidad humana. Lo digital no reemplaza lo espiritual: lo potencia”.
A los 65 años, Miguel Peraza sigue trabajando con la misma disciplina que lo ha acompañado desde joven. “Lo que me preocupa —dice— es no dejar de producir todos los días, no dejar de proponer, no dejar de estar en el discurso”.

Hace apenas unos meses colocó en Paseo de la Reforma, a la altura de Periférico, una escultura monumental de siete metros titulada Dos Llamas, dedicada al fuego como símbolo de transición entre dos siglos. También prepara una pieza en bronce de un jugador de pádel y proyectos monumentales para Yucatán.
“No hay que temerle al cambio —insiste—. Las nuevas herramientas no nos quitan humanidad; nos la devuelven de otra manera. Hay que permanecer como seres humanos dentro de esta apertura de mundos”.
Criptoarte en el Blockchain no es solo un manual sobre NFTs o tecnología. Es una meditación sobre el espíritu de la creación en un tiempo acelerado. Con un lenguaje accesible y una mirada humanista, Peraza combina economía, filosofía y arte para preguntarse —y preguntarnos— si el alma puede habitar en lo digital.
“La inteligencia artificial es una herramienta, no un enemigo”, afirma. “Nos permite reflexionar, crear, distribuir y conservar. Pero lo esencial sigue siendo lo mismo: la capacidad humana de imaginar”.
Nacido en la Ciudad de México en 1959, Miguel Peraza es uno de los escultores más destacados de América Latina. Su obra, que combina geometría sensible y realismo simbólico, se encuentra en universidades, espacios públicos y museos de México, Colombia, Francia, Israel y los Países Bajos. Conocido como el escultor de universidades, ha enriquecido instituciones como la UNAM, el ITESM y el ITAM.
Ganador del Ariel en 1996 y miembro del Sistema Nacional de Creadores, Peraza fusiona arte industrial con exploración conceptual. Su trayectoria —más de mil obras y 50 años de trabajo— lo confirma como uno de los artistas más lúcidos del país: un creador que mira hacia adelante sin perder de vista la materia.











