Desde la poesía lésbica hasta la literatura cubana en el exilio, la autora radicada en México construye una obra inclasificable que desobedece los márgenes y reescribe los afectos.
Ciudad de México, 23 de julio (MaremotoM).- Odette Alonso no se define solo como poeta, aunque el término le pertenezca por derecho y oficio. Es también narradora, promotora incansable de otras voces, lectora rigurosa, organizadora de clubes de lectura, anfitriona de peñas literarias y ahora —sin oficina que la sujete— autora a tiempo completo. Desde hace un año, dejó atrás el trabajo fijo y se volcó de lleno a lo que realmente importa: leer, escribir y abrir espacio para otras mujeres que escriben.
“El último año ha sido hermoso, pero también exigente”, dice. Y no exagera: está escribiendo una historia de la literatura lésbica iberoamericana contemporánea como parte de su beca del Sistema Nacional de Creadores, organiza la Peña de Paul y Odette cada mes, dirige un club de lectura, promueve libros de colegas y prepara la reedición de sus propios textos. Entre todo eso, busca terminar un libro de poemas sobre una casa, una familia, un tiempo indefinido. “Es una historia que no sé si viví, pero que no me suelta. Y como no escribo solo desde lo autobiográfico, estoy dejando que la casa me diga por dónde va.”

El margen como territorio
Alonso ha puesto su energía, desde hace años, en visibilizar una literatura que muchas veces se escribe a los márgenes, incluso dentro del propio margen. “La poesía lésbica suele quedar al final de todo: primero se mencionan los hombres, luego las mujeres, después los hombres gays y al final las lesbianas”, explica. Esa lógica de exclusión —persistente incluso dentro de la comunidad LGBT+— ha hecho de su obra y su militancia una labor de resistencia cultural.
Junto con la escritora Paulina Rojas, editó la antología Versas y diversas, una muestra de poesía lésbica mexicana contemporánea que no se limita a etiquetas identitarias. “Incluimos autoras que no se asumen lesbianas, pero que escriben con ese aliento. Porque la literatura no tiene que ser autobiográfica: lo importante es lo que se dice, no desde dónde se dice.”
Más allá de la militancia, lo que defiende Odette es el derecho a escribir sin pedir permiso. A no ser reducida a una categoría. A poner en valor las historias que se escriben desde otras formas de amar, de mirar, de habitar el mundo. Y a leer sin miedo. “Todavía hay mucho susto cuando se trata del erotismo y más si es un erotismo no heterosexual. Eso limita la circulación de ciertos libros, los silencia.”

Un reconocimiento desde dentro
En mayo de este año, la escritora fue reconocida por la Coordinación Nacional de Literatura del INBAL dentro del ciclo Protagonistas de la Literatura Mexicana Contemporánea, en el Palacio de Bellas Artes. “Fue una sorpresa enorme. Yo decía: seguro en algún momento se arrepienten y me bajan del programa. Porque una, además de mujer y lesbiana, es extranjera”, dice entre risas.
Odette llegó de Cuba a México hace 33 años. Desde entonces, ha construido aquí su vida y su literatura. “Ese día fue muy emocionante. Estaba mi hermana, estaban mis amigas, mi familia literaria. Sentí que me abrazaban, que me decían: aquí también es tu casa.”
Aunque no faltaron comentarios que cuestionaban por qué una extranjera recibía ese reconocimiento, ella responde con serenidad. “Forma parte del folklore de estos eventos. Pero en el fondo, lo que quedó fue el cariño, la memoria compartida, el reconocimiento a muchos años de trabajo. Me sentí feliz.”
Leer para escribir, escribir para resistir
Actualmente, Alonso prepara una selección de textos publicados hace años en su blog Parque del Ajedrez y continúa su investigación sobre poesía lésbica en México. En el camino, se encuentra con autoras que la sorprenden. Como Gabriela Puente, poeta poblana fallecida en 2020, cuya obra está redescubriendo. “Encontré poemas provocadores, subversivos, que rompen con todo lo ‘correcto’. No son los poemas de ‘señora decente’ que ama a otra señora. Son otra cosa. Y eso me emociona.”
También prepara la presentación del libro Knockout, de Zaría Abreu Flores, una obra abiertamente lésbica y feroz. “Fue un honor que me pidiera presentarlo. Porque uno a veces no sabe qué efecto tiene su trabajo, pero cuando otras autoras te invitan, sabes que estás dejando huella.”
En un mundo que aún recela de lo no normativo, Odette Alonso insiste en escribir. En hacer espacio. En leer hasta encontrar la frase que revela lo invisible. “Porque no hay literatura menor. Solo hay literatura que aún no ha sido leída como merece.”











