Pablo Simonetti

Para la guerra literaria, la única arma es la obra: Pablo Simonetti

Yo para la izquierda soy un cuico sospechoso de ser derecha. La izquierda no termina de confiar en mí y la derecha considera que soy en el fondo un comunista. Nunca he tenido un lugar de pertenencia política o literaria. Ahora me siento más acompañado, porque hay muchos más escritores gays, trans, mujeres y eso me hace sentir parte de una generación que comenzó a cambiar el mundo de la literatura en Chile.

Guadalajara, Jalisco, 1 de diciembre (MaremotoM).- Pablo Simonetti es uno de los mejores escritores de Chile. Claro, decirlo así, en contextos a veces violentos y otros agresivos como para brincarse a otros grupos es un poco osado, pero precisamente, porque desde hace mucho tiempo que este autor nacido en 1961, en Santiago de Chile, ha ido entregando novelas y libros de ensayo que han caracterizado un estilo propio, bien merece la justipreciación en un país no muy dispuesto a hacerlo.

En 1997, Pablo Simonetti obtuvo el primer lugar en el concurso nacional de cuentos Paula con el más afamado de sus relatos, “Santa Lucía”. Este y otros cuentos se reunieron en Vidas vulnerables (Alfaguara, 1999), merecedor de la Mención Especial del Premio Municipal de Santiago. En 2004 publicó Madre que estás en los cielos, traducida a varios idiomas. La razón de los amantes (2007), La barrera del pudor (2009), La soberbia juventud (Alfaguara, 2013), Jardín (Alfaguara, 2014) y Desastres naturales (Alfaguara, 2017) fueron publicadas en Latinoamérica, España y otros países, con una entusiasta recepción por parte de la crítica y los lectores. Los hombres que no fui es su nueva novela. En ella muestra cómo se ha ido haciendo hombre (el refrán de nuestros pueblos) y va contando las circunstancias que ha tenido que vencer para descubrirse y aceptarse a sí mismo.

A los 61 años, Pablo Simonetti, fundador, expresidente y actual director de Fundación Iguales y es también director fundador de Espacio Público, forma parte de una literatura que se abre paso más allá de los viejos paradigmas. Ya no importa si Gabriela Mistral ganó el Premio Nacional después del Nobel o si reconocen a Roberto Bolaño como chileno, sino aceptar la propia diversidad de estilos y de motivaciones para hacer precisamente una cultura fundamental para el mundo.

Amigo de Pedro Lemebel (1952-2015), cuenta que lo conoció en 1995, cuando había publicado Loco afán.: Era un escritor, digamos marginal, publicado en una editorial pequeña y no estaba considerado dentro de la nueva narrativa que era como el movimiento dominante de ese tiempo. Nos unía el hecho de ser los dos parte de la diversidad sexual y teníamos buenas relaciones sobre todo de día, de noche eran más difíciles, porque se le pasaban los tragos y se ponía más agresivo. De día, Pedro Lemebel era un gran conversador y una persona interesante para hablar de literatura, de género y de la manera de estar en el mundo entonces. Creo que los dos, siendo que somos escritores tan diferentes, respondemos un poco a las épocas donde nos tocó escribir. Creo que Pedro es hijo de la resistencia, de esa época en que si producías rechazo o generabas antipatía, reaccionabas con calibre grueso. Yo ya soy un poco más de la época del diálogo, de la apertura. Siempre le he tenido gran admiración, lo leí con mucho interés por la garra que tiene en lo que escribe y creo que es un personaje muy relevante en la historia de la literatura.

Pablo Simonetti
Creo que Pedro es hijo de la resistencia. Foto: MaremotoM

­-Tal vez en el último tiempo el personaje parece haberle ganado al escritor

-La biografía que escribió sobre Pedro, Óscar Contardo. Él marca exactamente este punto donde sus primeras crónicas eran de la ciudad, de la gente que vivía fuera del del circuito del poder y eso la enriquecía mucho. Luego él se volvió un hombre muy famoso y su literatura se resintió. Luego hizo muchas antologías y fuimos recuperando a ese Pedro primigenio.

-Él también vivió el desprecio de la izquierda

-Yo para la izquierda soy un cuico sospechoso de ser derecha. La izquierda no termina de confiar en mí y la derecha considera que soy en el fondo un comunista. Nunca he tenido un lugar de pertenencia política o literaria. Ahora me siento más acompañado, porque hay muchos más escritores gays, trans, mujeres y eso me hace sentir parte de una generación que comenzó a cambiar el mundo de la literatura en Chile.

Los hombres que no fui me hizo acordar a tu novela Jardín, hay un mismo mecanismo de narrativa…

­-Aquí es que cada habitación, podía permitirme ir a un lugar distinto del pasado. En cambio, en Jardín, te quedas con ese lugar y con esa familia.  Aquí va visitando distintas etapas de su pasado en que se le plantearon diferentes desafíos sobre quién era y hacia dónde iba. Entonces se le van apareciendo estos estos modelos que yo aquí los muestro en la portada, todas estas figuras arquetípicas y en el medio está este hombre con cara angustia, como naciendo hacia sí mismo.

-La literatura homosexual ha sido muy importante para mí

-Ahí está esa novela fantástica, muy bien escrita y es muy conmovedora que se llama El vampiro de la colonia Roma, de Luis Zapata, que yo la vine a leer tardísimo, pero me imagino cuándo fue publicada, fue rechazada por el establishment y muy querida por las personas que se sintieron interpretadas y representadas por esa novela. La literatura de la gente diversa ha sido un camino de liberación y eso siempre es bueno. Borges decía que nosotros, los escritores latinoamericanos, estamos destinados a asaltar el centro de la literatura tal como los escritores judíos asaltaron el centro de la literatura universal o tal como los escritores irlandeses, han asaltado y siguen asaltando el centro de la literatura inglesa. Nosotros como latinoamericanos estamos en un camino, pero creo que eso ha ido ocurriendo así sucesivamente con las distintas identidades y con el género. Los de la literatura de la diversidad sexual, junto con la literatura de las mujeres, estamos haciendo un asalto al centro sin ninguna duda. Nuestra diferencia hace que tengamos un interés adicional porque estamos contando algo que la gente antes no leyó y que no era capaz de comprender,

-El tema de literatura y enfermedad, con el SIDA en los ’80, también empezó a contarlo la homosexualidad. No sé si te acuerdas de Cyril Collard, el cineasta y actor francés que hizo Las noches salvajes

-Recuerdo una escena estremecedora cuando el protagonista empieza a desparramar sangre, no era por venganza, era por rabia. Vivimos una época en la que todo esto estaba bajo el peso de que éramos totalmente ignorados. Durante los 90, que es el tiempo de la memoria de este libro, la gente se estaba muriendo de VIH y el presidente del Gobierno en ese minuto Patricio Alwyn cuando en Dinamarca le preguntaron qué estaba haciendo por los derechos LGBTI, dijo que en Chile no tenemos ese problema. Se le estaba muriendo a la gente en los hospitales, entonces, realmente, el grado de invisibilización y marginación y postergación era total. Hemos avanzado hacia el reconocimiento literario. Igual pasaba con las mujeres que estuvieron en los ‘80 y todos le decían que hacían “literatura femenina”, hasta que tuvo que llegar Doris Lessing para que empezáramos a desempolvarnos de esas tonterías. Hoy las mujeres y varios escritores LGBTI tienen un gran reconocimiento crítico y a un machirulo le cuesta más obtenerlo.

Pablo Simonetti
Su nueva novela es Los hombres que no fui. Foto: MaremotoM

-La novela es muy retrospectiva, muy de reflexión

-Revelo mi transición de ser un hijo de una familia conservadora y supuestamente heterosexual, hasta hacer un hombre gay. Entonces claro, hay una reflexión, un paralelismo constante entre quién soy y quién se suponía que tenía que ser y en ese sentido claro es íntima. Hago una cita de Marguerite Yourcenar, pero no me comparo con ella. Es una diosa de las palabras y tenía la capacidad de volver clásico todo lo que escribía.

-¿Has hecho un cambio en tu literatura con esta novela?

-Voy a seguir reflexionando y buscando en la intimidad de mis personajes. Creo que soy de la escuela que decía: a veces el drama sencillamente no es aparente, no se ve y está ocurriendo solamente dentro del personaje. Dentro de su mente. Estoy pensando en una novela, preciosa, que se llama La renuncia, que es una madre que está todo el tiempo dudando si decirle una verdad o no a su hija, al principio el drama no se ve, hasta que empieza a tener consecuencias afuera y es el mundo la que la obliga finalmente salir de su encierro.

Pablo Simonetti
Editó Alfaguara

-Vienes también con un homenaje a Roberto Bolaño

-Lo que me emociona de la obra de Roberto es esa capacidad de darle dignidad a vidas mínimas. En 2666, surge un personaje, recorre una pequeña trayectoria como si fuera una tormenta tropical y desaparece. Es ese pequeño paso por el mundo, casi sin ninguna importancia, de repente son gente que va arriba de una combi al sur de España a recoger naranjas y pasa algo ahí o la historia de un profesor de universidad mexicana, Luis Sebastián Rosado, que es muy elegante y muy académico y se enamora de un tunante que se llama Piel Divina, que es un poeta y tienen ahí un baile así como medio erotizado en un antro. Luego Piel Divina muere acribillado. En todos sus personajes hay una cierta dignidad. En 2006 se siente más el imperio de la muerte, porque las mujeres nacen en la en la historia para morir en general. Él estaba también con la muerte encima. Existimos para dibujar ese trazo, que ya de por sí es bello, que es nuestro pasar por la vida y después nos extinguimos y está bien.

-¿Qué te pasa ahora con la literatura chilena?

­-Yo no soy de andar en la pelea por el lugar o por el reconocimiento. Escribo y si quieren leerme qué bueno, si los medios están interesados, qué bueno también. Soy una persona muy extrovertida, pero soy bastante privada respecto de la literatura. Me dicen, mira: porque tú no eres un escritor comercial. Tú eres un escritor literario. Ay, sí, muchas gracias, pero son cosas todas muy frías en cierto sentido y la única arma en esta guerra es la obra.

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