El 2 de febrero abrió al público en el Museo Jumex (Miguel de Cervantes Saavedra 303, Granada, CDMX), la exposición Politécnico Nacional, de Gabriel Orozco, curada por Briony Fer, con la asistencia de Carolina Estrada García y en estrecha colaboración con el artista.
Ciudad de México, 3 de febrero (MaremotoM).- Gabriel Orozco: Politécnico Nacional se constituye por alrededor de 300 obras que el artista ha realizado durante su carrera: desde pequeñas volumetrías hasta instalaciones complejas, entre fotografía y dibujo, acompañadas de pintura, escultura, ensamblajes y juegos que exploran, entre otras posibilidades, la capacidad de rotación, el concepto de simetría y la posibilidad de dar materialidad al tiempo.
Esta muestra sintetiza un crisol de obras al unir prácticas que, en muchos casos, se considerarían contradictorias, es un punto de inflexión en el que me parece oportuno deternos para analizar la obra, la técnica y la flexibilidad plástica y teórica del trabajo de este compositor visual.

Que Gabriel Orozco domina las diferentes técnicas de la plástica no está a discusión, la pregunta que subyace, sin embargo, en el conjunto de su obra, me parece uno de los leitmotive de una pulsión tal vez mucho más erótica que intelectual, mucho más pragmática que filosófica: que su lenguaje se alimenta de un caudal que fluye de continuo en el torrente de la experiencia corpórea y mientras se labra a través de la técnica de elección va moldeando también su narrativa.
La intuición de los materiales y la pulsión de la flexibilidad plástica confluyen hacia la epifanía del concepto, sin implicar la renuncia a una estética que, por desafiante, conmueve de lo predeterminado a lo fascinante. La obra de este creador siempre implica al interlocutor obligándolo a emprender el trabajo intertextual. Una obra que no se concibe para el individuo sino para el colectivo, una extensión de la Escuela Mexicana de Pintura y muchos de sus postulados.

Hablar de una mexicanidad como raíz de la estructura de esta obra es imprescindible cuando atraviesan como fantasmas los pueblos que Juan Rulfo describe o las abstracciones de Elena Garro en una educación emocional que grita desde la música del cotidiano, la atmósfera desagarrada del silencio colectivo.
No es gratuito el nombre Politécnico Nacional, hay una retórica nacional, una que critica desde el humor, el sinsentido que da identidad y otra que homenajea la sangre de la tierra, la sal de las nubes… empero, no alcanza la contundencia de la transposición de la perspectiva, el ángulo que en sí mismo separa y une, hay una evanescencia imperdonable: la banalidad de la ligereza, tal vez de razón a esta frase: actualmente los que ganan son los perdedores, los débiles, los incapaces de sacrificio, la obsolescencia del esfuerzo.
Sin duda una muestra imprescindible antes de visitar el proyecto Chapultepec, del que hablaremos en otra entrega.











