“¿En cuál le doy descanso a mi lector? ¿Con qué cuento abro o cierro? En Bavispe tenía claro cerrar con “Comala”. El acomodo es otra forma de narrar. Uno sorprende al lector, le pongo mucha atención a los textos que integrarán el conjunto”, afirma.
Ciudad de México, 22 de enero (MaremotoM).- Carlos René Padilla es uno de los faros de la literatura del norte. Entre crónicas, cuentos y novelas ha decidido describir Ciudad Obregón, donde vive junto a su talentosa mujer Yuyú Fernández, con una tranquilidad propia, diría yo, de alguien como Daniel Sada, de quien se siente heredero.
Los que viven en el norte ven el narcotráfico como algo natural. No quiere decir que sean cómplices, sino que es algo propio de un lugar donde lamentablemente se da ese delito y aprenden a convivir con ello.

Bavispe es el nombre de un pueblo de Sonora y también el título que le da a su nuevo libro. La confusión se hace presente cuando lo entrevisto, porque para mí era un libro de crónicas. Total, que siempre es vigente el verbo con el que Padilla ilustra una zona de México tan vital, como muchas veces trágica.
Editado por NitroPress, Bavispe es un volumen que recoge la historia y las historias de esa pequeña población aplastada por el calor y una aparente monotonía para transformarlas en narraciones inolvidables habitadas por fantasmas y seres vivos dispuestos a arrebatarnos el sosiego durante la lectura.

“Como los mejores compositores de corridos puebleros, Padilla echa mano de un lenguaje muchas veces poético y al mismo tiempo arraigado en la oralidad para narrar, a través de un ritmo sostenido de principio a fin en cada pieza, una variedad de dramas rurales que van de la presencia de fantasmas en las calles a la violencia de las venganzas cumplidas, de la ironía al coqueteo con el absurdo, del amor al odio, en un universo cerrado, orgánico y coherente: el del pueblo mismo a lo largo de los años”.
ENTREVISTA EN VIDEO A CARLOS RENÉ PADILLA
“Creo que los que estamos en este oficio, aspiramos a evolucionar constantemente. Cuando haces el corte de caja, te dices que no puedes tener un oficio más fregón que el de ser escritor. La evolución o parte de la búsqueda son las cosas que permiten no pararnos durante la escritura”, dice Carlos René Padilla en entrevista.
La calma que predica el autor se va midiendo en el texto Bavispe. Es un libro va in crescendo, que toma un poco de distancia con los textos.
“¿En cuál le doy descanso a mi lector? ¿Con qué cuento abro o cierro? En Bavispe tenía claro cerrar con “Comala”. El acomodo es otra forma de narrar. Uno sorprende al lector, le pongo mucha atención a los textos que integrarán el conjunto”, afirma.
“Hay muchas cosas reales, pero en este libro me inclino mucho más por la ficción. Mi madre es de ahí. Cuando yo volvía de Bavispe, pensaba en muchas cosas que vivía y que no encontraba eso en la ciudad. Todos esos cuentos nacieron en la cocina de mi casa, con mi abuela contando, los discursos de la oralidad. Se me fueron grabando a fuego en el cerebro”, agrega.

No quiso contar una novela con los hechos vividos en Bavispe, quiso que las historias formaran un mosaico fragmentado y dieran a su vez la amplia dimensión del pueblo.
El libro hace acordar un poco al que salió en forma simultánea, del escritor Hiram Ruvalcaba, Todo pueblo es cicatriz.
“Creo que lo que sucede es escribir desde la periferia. Todavía somos un país centralista, pero gracias a la tecnología, accedemos a narradores que antes era bastante difícil acceder. Narrar desde donde estamos, lo he platicado con Hiram, es escribir de lo que me golpea en primer plano. Quiero escribir del lugar donde estoy. Me gusta que un pueblo como Bavispe, que no estaba en el inconsciente colectivo, comience a estar, así como también el pueblo de Guadalajara, de Hiram, Ocotlán”, agrega.











