A veces las ideas surgen de lugares muy específicos y otras veces el origen es más abstracto. Yo había visto fotos de generales usando capas y también una foto de Pinochet usándola.Ahí fue cuando empecé a conectar los puntos. Empecé a leer literatura vampiresca, que se centra en la maldad y la eternidad. Decidí llamar a Guillermo Calderón, quien escribió el guión conmigo, y como fue durante la pandemia, teníamos mucho tiempo. Hablamos horas por teléfono.
Ciudad de México, 19 de septiembre (MaremotoM).-“Llevo años imaginando a Pinochet como un vampiro, como un ser que nunca deja de circular por la historia, tanto en nuestra imaginación como en nuestras pesadillas. Los vampiros no mueren, no desaparecen, tampoco los crímenes y robos de un dictador que nunca respondió ante la justicia. Junto con mis colaboradores en la película quisimos mostrar la brutal impunidad que representa Pinochet. Mostrándolo de frente por primera vez para que el mundo pueda sentir su verdadera naturaleza: ver su rostro, sentir su olor. Para eso, hemos utilizado el lenguaje de la sátira y la farsa política, donde el General sufre una crisis existencial y debe decidir si vale la pena continuar con su vida de vampiro, beber la sangre de sus víctimas y castigar al mundo con su eterna maldad”, son las palabras con las que empiezan las notas de producción de El conde, de Pablo Larraín.
He visto muchas películas suyas antes. Desde el No, hasta esa biografía dada vuelta de Pablo Neruda, pero nunca un filme de Larraín me había dejado en estado de shock. Lo miré varias veces por Internet, tratando de descubrir alguna señal, algún secreto, que me permitiera ver la mente de este cineasta único, probablemente uno de los más interesantes en el mundo actual y he descubierto que no tiene una cara rara, que es como tú o como yo y que para descifrarlo están sus películas y sus palabras.
Imposible para mí conseguir una entrevista con él, ahora que acabo de descubrirlo (cuando ya América estaba explorada y no anda ningún barco cerca, pero en fin), pero he conseguido una entrevista en las notas de producción que ahora mismo se las comparto. Ahí dice muchas cosas de El Conde que necesitábamos saber.
–Cuándo se te ocurrió la idea de reimaginar a Augusto Pinochet como un vampiro?
–A veces las ideas surgen de lugares muy específicos y otras veces el origen es más abstracto. Yo había visto fotos de generales usando capas y también una foto de Pinochet usándola.Ahí fue cuando empecé a conectar los puntos. Empecé a leer literatura vampiresca, que se centra en la maldad y la eternidad. Decidí llamar a Guillermo Calderón, quien escribió el guión conmigo, y como fue durante la pandemia, teníamos mucho tiempo. Hablamos horas por teléfono. Después llamé a Jaime Vadell, nuestro actor principal, y conversamos varias veces discutiendo acerca de la posibilidad de hacer esta película. Pensamos que sería interesante que Pinochet pudiera ser un vampiro y se volviera joven nuevamente para seguir presente en Chile como una amenaza que nunca se va, como una forma de decir que esa parte de la historia no ha terminado. Esto podría pasar de nuevo en cualquier minuto.

–Jaime Vadell, un querido actor chileno, interpreta a Pinochet. ¿Cómo describes su trabajo?
–Esta es mi décima película y también he hecho algo de televisión. He tenido el lujo de trabajar con maravillosos actores y nunca he hecho una película donde el actor logre cada una de las tomas. En cambio, Jaime lograba cada una de ellas. Mi temor al principio era quién interpretaría a Pinochet, Jaime lo logró. Pinochet tenía una manera muy específica de hablar -que era muy molesta, por cierto- pero Jaime estaba decidido a no hacerlo. A él se le ocurrió una forma propia de hablar que le permitió realmente encarnar el personaje y ese sentido de poder y violencia. El fascismo, como lo conocemos, comienza con miedo y luego se torna violento.
–¿Por qué era tan importante filmar en blanco y negro?
–Es importante porque da la percepción de una realidad diferente. Me interesan mucho las películas que fueron hechas en blanco y negro desde que existe el color. Teníamos muchas ideas osadas, como Pinochet existiendo durante 250 años a través de distintas generaciones, por lo que el blanco y el negro fue una forma de unificar el estilo de nuestras ideas y crear una textura uniforme. Estoy feliz de haberlo hecho porque creo que hacer esta película en color hubiese dado una sensación de escapismo a la realidad de esta historia.
–La cinematografía de Ed Lachman da mucha profundidad y belleza a la película. ¿Cómo llegó a ser parte de este proyecto?
–Él es uno de los maestros, somos amigos desde hace años y habíamos intentado trabajar juntos antes. Finalmente tuvimos esta oportunidad y queríamos hacerlo en Chile. Él es un maestro de la iluminación y su trabajo en blanco y negro es realmente excepcional. Trajo esta visión única sobre la fotografía que hizo a esta película extraordinaria. Estoy muy impresionado cada vez que la veo y me doy cuenta cómo todo se une tan bien y lo enigmática que es la fotografía. Permite que el blanco y negro sea mucho más que una interesante decisión estética. Lo llevó a una perspectiva fotográfica muy seria, histórica y eso hace a la película más universal. De hecho, Ed usó una cámara especial Arri Alexa Monochrome ajustada específicamente para esta producción.

–La película tiene cierto disgusto particular por la esposa de Pinochet, Lucía, interpretada por Gloria Münchmeyer, otra veterana de la televisión y cine chileno.
–Era obvio que Gloria debía interpretar a Lucía. A ella la habían invitado a interpretarla varias veces en el pasado y nunca quiso hacerlo. Ella me dijo que no quería hacerlo porque sentía que eventualmente vendría una mejor oportunidad. Hay mucha literatura sobre Lucía que sugiere que era ella la que realmente impulsaba a Pinochet, la que lo controlaba a él y al gobierno desde las sombras. Así que queríamos tener ese ángulo en la película.
–¿Cuál fue la reacción inicial del reparto al leer el guión?
–Todos los actores que interpretan a los hijos de Pinochet, los hermanos, lo primero que dijeron fue “¿Estás seguro?”. Y luego todos tenían la misma pregunta porque hay una descripción en el guión que dice: “Vemos al vampiro Pinochet volando sobre Santiago. Él es una mezcla entre Nosferatu, Batman y Superman”. Y los otros actores estaban como: “¿Cómo va volar? ¡Él tiene casi 90!”
–En la película, Pinochet se molesta más por ser llamado un ladrón que un asesino. ¿Por qué eso le molesta tanto?
–Existe la idea de que un soldado puede matar porque su país lo necesita, pero nunca puedes ser llamado ladrón. Eso es inaceptable y ese rasgo moral es simplemente absurdo. Así que asesinar a tu adversario político – aunque sea torturando, haciendo desaparecer a la gente y violando los derechos humanos de la manera más horrible como lo hizo la dictadura de Pinochet con miles de chilenos que fueron asesinados o desaparecidos – todo eso sería aceptable. Pero no es aceptable ser llamado ladrón y eso creó una idea muy interesante: un tipo que está deprimido por eso. En la vida real, Pinochet tenía todas estas cuentas bancarias, la mayoría en Estados Unidos y otras repartidas por el mundo con diferentes nombres y la familia tenía ese triángulo perfecto de lavado de dinero.
–Fiel a las películas de terror, hay algunas escenas gráficas y espantosas de violencia. ¿Qué querías que esas escenas transmitieran al espectador?
–No creo que haya mucha violencia, pero cuando la hay, tiene que afectarte. Si fuera de otra forma tendríamos una versión suavizada de Pinochet y eso habría sido peligroso. Por eso lo vemos como un soldado y cuando se transforma en vampiro esa escena es muy violenta, porque esa es su naturaleza. Si no hubiésemos visto eso, me preocupaba el hecho que íbamos a mostrar a este actor mayor de casi 90 años interpretando a un vampiro de 250 años por el que podrías llegar a tener empatía y compasión. Era crucial que no hiciéramos eso.

–En tu declaración de director escribiste que Pinochet “nunca conoció la justicia” antes de morir el año 2006 mientras seguía bajo investigación. ¿Sientes que El Conde revierte esto?
– Esta película muestra la esencia de la impunidad – extendiéndose por 250 años a través de la figura de un vampiro – y revela lo peligrosa que es. Cuando no hay justicia, esa persona y su legado se transforman en un problema permanente. Si esta película te lleva a pensar en eso, no lo sé. No tengo el poder para hacerlo. Tal vez sea un pensamiento iluso, pero a 50 años desde que Pinochet llegó al poder en 1973, espero que esta película y otras formas de arte puedan crear algo de sanación para el futuro. Tal vez no tengamos esa sensación ahora, pero el problema es que la división y tensión que estamos sintiendo ahora es porque él nunca enfrentó la justicia.
–¿Cuál crees que será la recepción de la película en Chile?
–Creo que va a generar todo tipo de reacciones y es algo bueno que el arte sea polarizante. Espero que se transforme en una película que la gente quiera y necesite ver, a pesar de sus ideologías o posturas políticas. Sin importar lo que piensen de esta película, todos debemos estar de acuerdo en que estos hechos no pueden ocurrir otra vez. Fue el sistema el que lo permitió.
PABLO LARRAÍN
Director, productor, guionista
Destacado director, guionista, productor de cine chileno y socio fundador de Fabula, compañía dedicada a la producción de cine, televisión, comerciales, podcasts y servicios de producción. Fue nominado a los Premios Óscar en 2013 por No, en la categoría “Mejor película de habla no Inglesa”, a los Premios Globo de Oro en 2015 por El Club y en 2016 por Neruda en la misma categoría.
Larraín comenzó su carrera como director en 2005 con el largometraje Fuga y a la fecha ha dirigido una amplia gama de aclamadas películas, abordando temáticas relevantes con foco en la crítica social. El cineasta ha adquirido reconocimiento internacional con las cintas: Tony Manero (2008), Post Mortem (2010), No (2012), su cuarta película, ganadora a “Mejor Película” en la Quincena de Realizadores del Festival de Cannes 2012 y nominada al Oscar como “Mejor Película Extranjera”.
En 2015 -su quinto largometraje- El Club, es estrenado en la Competencia Oficial del Festival de Berlín y ganó el Oso de Plata por “Premio Especial del Jurado”. Ese mismo año estrenó exitosamente la película biográfica Neruda -protagonizada por Gael García Bernal y proyectada en el Festival de Cannes- y en 2016 Jackie, protagonizada por Natalie Portman, en el Festival de Venecia. Esta última, obtuvo tres postulaciones a los Premios de la Academia en las categorías “Mejor Actriz”, “Mejor Diseño de Vestuario” y “Mejor Banda Sonora”. Las dos producciones relatan a través de la ficción, momentos clave de ambos personajes históricos.

La cinta Ema, protagonizada por Mariana Di Girolamo, Gael García Bernal y Santiago Cabrera, formó parte de la selección oficial del Festival de Venecia 2019, donde se adjudicó el premio ARCA.
Años más tarde, debutó Spencer (2021, en el Festival Internacional de Cine de Venecia), guión escrito por Steven Knight, donde narra un relato ficticio de la historia de Diana de Gales protagonizado por la actriz Kristen Stewart, quien por su interpretación obtuvo una nominación a los Premios de la Academia 2022, en la categoría de “Mejor Actriz”.
En el área de Televisión, Pablo es productor de las series: El Presidente, dirigida por Armando Bó y producida en conjunto con Gaumont Distribution y Kapow; las dos temporadas de La Jauría, dirigida por Lucía Puenzo y producida en conjunto con Fremantle; Homemade para Netflix; Señorita 89, dirigida por Lucía Puenzo para Starzplay y PANTAYA; 42 días en la oscuridad dirigida por Gaspar Antillo y Claudia Huaquimilla para Netflix; El Refugio, dirigida por Pablo Fendrik para Starzplay y PANTAYA, además de Midnight Family dirigida por Natalia Beristáin para Apple TV.











