César Brodermann

REGRESO: EL MOVIMIENTO COMO MEMORIA, JUEGO Y REPARACIÓN

El montaje —beneficiado por EFIARTES 2024 y construido con un equipo de casi treinta personas— nació de esa pregunta que el coreógrafo repite una y otra vez en sus procesos: “¿cuándo dejamos de jugar?” En sus palabras, “la pieza necesitaba tiempo para encontrar el pulso de la memoria. Regreso no podía ser un montaje rápido. Teníamos que volver al cuerpo, revisarlo, escucharlo, dejar que se acordara de cosas que uno cree olvidadas”.

Ciudad de México, 19 de noviembre (MaremotoM).- En el escenario, los cuerpos parecen recordar algo que la adultez se empeña en olvidar. Un impulso, un gesto que no proviene de la técnica sino del recuerdo; un movimiento que abre un hueco en la rutina y regresa a ese territorio donde la vida todavía no estaba ordenada. Regreso, la obra dirigida por César Brodermann y producida por Aterno, vuelve ahora al Teatro Raúl Flores Canelo del CENART con cuatro funciones que cierran una temporada luminosa para una pieza que ha encontrado en el público un espejo atento.

El montaje —beneficiado por EFIARTES 2024 y construido con un equipo de casi treinta personas— nació de esa pregunta que el coreógrafo repite una y otra vez en sus procesos: “¿cuándo dejamos de jugar?” En sus palabras, “la pieza necesitaba tiempo para encontrar el pulso de la memoria. Regreso no podía ser un montaje rápido. Teníamos que volver al cuerpo, revisarlo, escucharlo, dejar que se acordara de cosas que uno cree olvidadas”.

Regreso
No es teatro ni danza, pero es teatro y danza. Foto: Cortesía

Brodermann habla de la producción con el orgullo silencioso de quien entiende la precariedad cotidiana del arte independiente en México. “Es una alegría rara”, dice en la entrevista. “Poder pagar salarios dignos, poder sostener un proceso de meses, es algo que casi nunca sucede. EFIARTES permitió que cada miembro del equipo trabajara sin sacrificar seguridad y eso, en una pieza que demanda cuerpo, entrega emocional y riesgo, cambia todo”.

Un lenguaje corporal que viene de lejos

Formado en Nueva York y Tel Aviv, único mexicano certificado en el lenguaje de movimiento Gaga, Brodermann ha transitado escenarios del mundo antes de fundar su propia compañía. En su paso por la legendaria Batsheva Dance Company aprendió que el cuerpo es un territorio de posibilidades infinitas. “Gaga me dio herramientas, pero también me enseñó que el cuerpo cambia todos los días, y que desde ese cambio se puede crear un lenguaje propio”.

Regreso recoge esa idea: no se trata de representar algo, sino de encontrarlo. Para el coreógrafo, “la improvisación no es desorden, es una forma de escucha. En escena, siempre puede ocurrir un error, pero el error no es un fracaso: es una ventana al presente. Cuando los bailarines resuelven algo ahí mismo, frente al público, sucede lo más vivo del arte”.

El elenco —nueve performers en escena y un músico en vivo— responde a ese principio. Cada función es distinta, no por capricho, sino porque la pieza está construida para que el cuerpo respire, se equivoque, se expanda.

Una obra que es teatro, danza y también memoria

Clasificar Regreso resulta insuficiente. No es una obra de danza estricta, ni tampoco un montaje teatral tradicional, aunque contiene monólogos, dramaturgia y escenas que bordean la ficción. Tampoco es solo performance. Brodermann lo define mejor: “Me interesa que sea una experiencia. No quiero que el público se siente a juzgar o entender; quiero que entre a un espacio donde el recuerdo se active”.

 Regreso
Regreso, un gran equipo lo realiza. Foto: Cortesía

La escenografía móvil de José Portillo, la iluminación de Estudio 8291 + Dania García y el vestuario de Irán Dimas crean un territorio lúdico que podría pertenecer tanto a una casa familiar como a un sueño infantil. El músico Isay Ramírez sostiene la pieza desde un pulso emocional y físico que acompaña a los intérpretes sin dictarles un camino único.

En el montaje, el juego aparece como un dispositivo de memoria. Brodermann lo dice con claridad: “Vivimos tiempos muy pesados. Es fácil sentir que ya no se puede soñar. Pero no podemos renunciar a la ligereza, a la ternura. El arte no niega lo que pasa en el mundo, pero abre un respiro”.

El cuerpo como refugio y como pregunta

En Regreso, los intérpretes recorren la escena como quien atraviesa su propia biografía. Hay pasos que parecen repetir la alegría desordenada de la infancia; otros llevan la marca de la disciplina, del cansancio, del peso adulto. En todos late una misma pregunta:
¿cómo volver a sentir sin miedo?

No hay protocolos estrictos en la compañía, pero sí reglas —“como en cualquier juego”, dice el director— que permiten que la improvisación se sostenga. “Me interesa más entrenar que ensayar. Entrenar la percepción, entrenar la escucha. No llegar a la perfección, sino al presente”.

Esa búsqueda también marca la relación con los espacios. Brodermann no concibe Regreso como una obra fija. “Cada teatro nos obliga a reinventar algo. Me gusta romper la estructura del teatro a la italiana. A veces los performers salen de butacas, a veces aparecen en el proscenio. No creo en que la obra tenga que ser siempre igual. Creo en que la obra tiene que vivir”.

Regresar para seguir adelante

Para Brodermann, cada función es una oportunidad de renovación. “Me interesa ver cómo llegan los bailarines al domingo. La pieza es física, intensa. Pero cuando el cuerpo está cansado, aparece otra verdad. Deja de pensar, deja de anticipar. Y ahí ocurre algo hermoso, que solo puede verse en el arte vivo”.

Regreso avanza así: hacia una zona donde el movimiento no es solo técnica, sino memoria, ternura, incluso resistencia. Una pieza que invita a detener el tiempo para recordar —o reaprender— aquello que parecía perdido.

“Regresar”, dice Brodermann, “es una forma de volver a soñar”.

Funciones

Teatro Raúl Flores Canelo, CENART
20, 21 y 22 de noviembre – 19:00 h
23 de noviembre – 18:00 h

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