Berenice Andrade Medina

SALUD MENTAL, BRUJERÍA Y BUROCRACIA EN LA NOVELA DEBUT DE BERENICE ANDRADE

“No sé si estoy loca o embrujada”, confiesa Gregoria, la protagonista de la primera novela de Berenice Andrade Medina, ganadora reciente de un importante premio literario. En su intento por escapar de una herencia familiar marcada por los malos augurios, Gregoria regresa al pueblo de Reforma de Pineda, entre limpias con huevo y dosis de ansiolíticos, buscando algo parecido a la salud. ¿Pero quién define qué es estar sana?

Ciudad de México, 4 de agosto (MaremotoM).- Con un tono que oscila entre la tragedia y el humor negro, Andrade pone en el centro una pregunta rara vez formulada con esta claridad: ¿de quién es la salud? ¿La define esa doctora en una sala descascarada con sillas horribles? ¿O la define uno mismo o el esoterismo o el saber popular?, le preguntamos a la autora de Nadie recuerda su propia muerte (Random House) en entrevista. Su propia respuesta es sencilla pero profunda: “la salud la define la tranquilidad personal”.

La novela, atravesada por episodios delirantes y momentos de introspección, ofrece una mirada desacomplejada sobre un tema históricamente marginado en México: la salud mental. “No tiene un objetivo panfletario, no pretende ser un llamado a la concientización, pero sí me parece curioso que no forme parte de la conversación primordial”, señala Andrade, quien reconoce haber sido diagnosticada con trastorno de ansiedad.

La escritora recuerda una de sus primeras visitas al psiquiatra: “me dijo que si hiciéramos un electroencefalograma a todos, encontraríamos alguna anomalía en el cerebro. No necesariamente significa un trastorno, pero vivimos sobreestimulados: todo el tiempo escuchando, leyendo, escroleando… Eso satura”. En ese contexto, la novela retrata lo que muchos padecen y pocos verbalizan: “más que nunca, la salud mental debería ser parte relevante de la conversación”.

Escribir desde el cuerpo propio

La narración de Andrade no pretende denunciar al sistema de salud, pero sí cuestiona su forma de operar. “No estoy criticando el sistema en sí, sino la poca capacidad de los estamentos para definir nuestra salud”, aclara. El pasaje hospitalario en la novela nace de una experiencia personal: “fui al Instituto Nacional de Psiquiatría y todo era frío, impersonal. Un enfermero me hizo preguntas sin mirarme a los ojos”.

La escritora describe cómo el sistema convierte las consultas médicas en trámites burocráticos. “Uno va al IMSS y el doctor apenas te ve: te hace preguntas, anota, y vámonos. No se concibe como atención, sino como trámite”.

Berenice Andrade Medina
Premio Mauricio Achar / Random House. Foto: Cortesía

Magia, medicina y contradicciones que conviven

Uno de los mayores logros de la novela es cómo articula el pensamiento mágico —presente en buena parte de la cultura mexicana— con la ciencia médica, sin caer en caricaturas. “En todos los pueblos hay curanderas, señoras que hacen limpias, gente que cura el mal de ojo. Y eso convive con la medicina occidental. A mí me interesaba hablar de esa convivencia contradictoria que, sin embargo, en la práctica funciona”.

Para Andrade, la fe puede ser incluso más poderosa que cualquier tratamiento: “hay estudios sobre el efecto placebo, sobre todo en salud mental. La fe mueve montañas o al menos estabiliza a algunos cerebros”.

La novela no esquiva el humor, ni siquiera frente a lo más crudo. “A veces, en medio de una situación de enfermedad, las cosas son tan absurdas que no queda otra que reír”, afirma Andrade. Esa mirada cómica sirve también para recuperar cierta distancia frente a un entorno que muchas veces reduce al paciente a un caso clínico.

Berenice Andrade Medina
La novela no esquiva el humor, ni siquiera frente a lo más crudo. Foto: Cortesía

Preguntada sobre si su novela responde o dialoga con el legado del boom latinoamericano, con su exotismo a la carta, responde sin rodeos: “No la escribí para que la compren los europeos. No escribí con cálculo ni con referencias. Escribí lo que conozco: mi historia, la de mi familia, del Istmo de Tehuantepec. Eso es lo que tengo ahora”, afirma.

Así, su libro —divertido, oscuro y profundamente humano— se instala en una tradición literaria que no teme cruzar brujas con neuronas, ni limpias con diagnósticos, porque en México —y en buena parte de América Latina— nadie duda que el alma también se enferma. Y que a veces, para sanarla, hace falta un poco de todo.

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