“Cuando pienso en una historia, siempre me voy hacia el terror, es inevitable para mí. Lo disfruto muchísimo. Es un placer escribir”, asegura. Lo hace desde una convicción: el terror, más que un género, es una forma de mirar el mundo y de comprender los miedos que todos llevamos dentro.
Ciudad de México, 5 de septiembre (MaremotoM).- Sandra Becerril sostiene su novela como quien sostiene un fuego: Carnaval diabólico, publicada por Hachette bajo el sello Otros Mundos, confirma a la escritora como una de las voces más sólidas del terror en México, pero en su conversación no se queda en la autopromoción: habla del género como quien respira, reconoce sus sombras y celebra a las nuevas generaciones que han tomado la antorcha.
“Cuando pienso en una historia, siempre me voy hacia el terror, es inevitable para mí. Lo disfruto muchísimo. Es un placer escribir”, asegura. Lo hace desde una convicción: el terror, más que un género, es una forma de mirar el mundo y de comprender los miedos que todos llevamos dentro.
Desde hace 27 años, Becerril escribe y publica en un país donde el género fantástico era considerado marginal. “Era muy difícil que una editorial grande te publicara. Hubo que picar mucha piedra”, recuerda. Hoy, con la aparición de sellos especializados, con Netflix y Amazon produciendo terror, y con una nueva ola de escritores autopublicados en redes, el panorama cambió. “Ahora el género se respeta más que antes y eso me alegra”.

Carnaval diabólico y la inquietud
La novela parte de un guion premiado en Argentina y pronto será película filmada en Jujuy. Es un relato coral con tres voces narrativas, diseñado para que el lector descubra secretos que los propios personajes desconocen. “Me interesa inquietar más que asustar. Asustar es más fácil en el cine. La literatura provoca otra cosa: la indefensión, la complicidad con lo que estás leyendo”.
Ahí surge la pregunta inevitable: ¿dónde está el mal? Becerril responde: “Dentro de nosotros. Todos tenemos un lado oscuro, un arquetipo de sombra que puede emerger en cualquier momento. Me gustan los personajes imperfectos, porque son humanos. Los totalmente buenos o malos ya no funcionan”.
Becerril no solo escribe: también lee a quienes vienen detrás. Y lo dice con entusiasmo:
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Lola Ancira, que inquieta con su capacidad para mostrar que los verdaderos monstruos son humanos.
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Macarena Muñoz, investigadora rigurosa que transforma ese conocimiento en cuentos sólidos.
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Armando Saldaña Salinas, con Érase una vez en México, una fantasía tan verosímil que obliga a buscar si es real.
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Zaira Ríos, cuya primera novela La otra voz sorprende por su frescura y su “buena vibra” dentro del género.
“Me dio tanto gusto leerla que ya leí su libro dos veces”, confiesa sobre Becerril.
El género que encontró su espacio
Que Hachette publique Carnaval diabólico es un gesto que la autora valora: “Significa llegar a más lectores, estar en librerías, ferias, tener difusión. Es perfecto para el género”. Tras años de puertas cerradas, Sandra celebra que el terror haya conquistado un espacio respetable en el sistema literario mexicano.
Mientras tanto, sigue escribiendo. Tiene diez novelas en el cajón, historias que esperan ver la luz. Prefiere avanzar a reeditar sus viejos títulos: “Ya tuvieron su momento. Ahora escribo distinto. Quiero mejorar, ir hacia adelante”.
La raíz del miedo
Sandra Becerril es ya una autora definida, una referencia del terror mexicano, pero lo más interesante es que sigue explorando, sigue disfrutando, sigue leyendo a otros. Ella misma lo resume: “El terror es el género que me acompaña siempre. Es mi vida. Creo que la literatura, como la vida misma, debe ser también un placer”.











