Antonia Alarcón

SEMBRAR UN PAISAJE, CRECER UN HORIZONTE DE SENTIDOS

Un diálogo textil entre memoria, naturaleza y comunidad en la obra de Antonia Alarcón. Una idea que toma cuerpo en la obra de Antonia es que el arte trabaja en y desde la comunidad, es un proceso colectivo de sentido. De ahí que el arte no se encuentra en las piezas exhibidas, sino en el entramado que logremos hilar en nuestra experiencia.

Ciudad de México, 10 de septiembre (MaremotoM).- Antonia Alarcón es una tejedora de historias, su oficio es evidencia que el arte se fragua con las manos y en la punta de los dedos.

Antonia Alarcón (1994) inauguró en agosto pasado las piezas que conforman “Había olvidado cómo se ve el horizonte perdiéndose en el cielo” y también ese mismo mes recibió el Premio de Arte Joven 2025 por parte del INBAL.

Esta es una muestra de lienzos bordados. Como los proyectos en los que se interesa tienden a provocar encuentro, diálogo y transformación. A través de sus obras, Antonia no sólo nos invita a reflexionar sobre nuestra relación con la naturaleza y los territorios, la migración, los medios de producción, el arte textil y la transformación del social. Su trabajo fomenta un contacto activo y comunitario que trasciende la contemplación pasiva.

Antonia Alarcón
Sentido local, en la galería de la Escandón. Foto. Cortesía

Al entrar en la galería, ubicada en Progreso 24, Escandón, nos recibe un humedal, una contenedor con paleta vegetal acuática que surge de la colaboración entre Antonia Alarcón y Carla Hernández, artista del paisaje.

Antonia realizó una residencia artística en el vivero de @dealerdeplantas en Xochimilco; algunos de los tintes y fibras se plantaron y recolectaron en este vivero. Con esa instalación da inicio a una breve pero concisa exposición de Antonia.

La creación misma de la exposición nació de un espíritu de colaboración, pues como señala Antonia: “A pesar de que esto es una exposición individual, hay tantas personas que se encuentran aportando, colaborando, las personas de Servidor Local. Cada quien ha tenido su visión y su voz. Para mí se ha vuelto interesante pensar también en colectivo”.

La pieza de Alarcón que abre la exposición es un lienzo bordado, “Ya no busco en la otra orilla”, que establece el tono poético de toda la muestra. Que sean paisajes bordados tiene un significado profundo.

La poeta Mónica Nepote escribe sobre el oficio que tejió estas piezas: “Los actos de hilar y tejer son tan cruciales como lo fue el manejo del fuego, pero qué relaciones se establecen entre estos quehaceres —en los que participa el cuerpo— y los de los otros cuerpos, de plantas y animales, con los que se generan las fibras y los tintes (…) Antonia hace una urdimbre a partir de lo que observa y escucha en distintos territorios”.

Antonia Alarcón
Antonia realizó una residencia artística en el vivero de @dealerdeplantas en Xochimilco. Foto: Cortesía

Paisajes sentidos y escuchados de territorios como la Amazonia colombiana, los campos de Oaxaca o las chinampas de Xochimilco, nos llevan a recordar, a rememorar el cielo y el horizonte que no alcanzamos a ver.

“Atardecer en Leticia”, es otro lienzo en algodón bordado con tintes naturales, plasma el vuelo de cientos de aves que se reúnen al atardecer en el puerto colombiano de Leticia, punto que confluye con Brasil y Perú en la Amazonia.

Haber bordado las piezas de “Había olvidado…” se convierte en un ejercicio de memoria y percepción del paisaje. Uno mismo termina preguntándose qué tanto volteamos a ver el cielo, qué tan cercana o lejana tenemos la relación con la naturaleza.

Cada una de los paisajes bordados son motivo de reflexión “El textil dejó su huella en el monte”, “Alfabeto para lenguas muertas” y la serie de “Simbologías de la laguna”. ¿Podemos evocar la naturaleza con facilidad, con detalle?

Cada una de estos retratos de naturaleza no cumplen tan sólo una función estética, sino que son mediadoras de las relaciones con el público, pues nos invitan a preguntarnos sobre temas colectivos como la sostenibilidad, la memoria, el territorio y la cultura ambiental. Esta relación directa con los sentidos y la experiencia personal se evidencia cuando Antonia señala: “Cuando estoy haciendo mis piezas también pienso en la forma en la que las personas van a tener acceso a ellas”.

La vida de cada lienzo, además de la estética, es una invitación a encontrar relación con nuestra experiencia. Así como los paisajes se hilan y se bordan, también se busca que el público teja una conversación: ¿es tan relevante el paisaje? ¿Por qué es importante ver el cielo, perderse en el horizonte?

La particularidad de esta exposición, además de la temática y los materiales, es que viene provista de formas de articular la curiosidad y la conversación: de manera estratégica, la curaduría dispone de una caja de notas provenientes de la investigación, transcritas en fichas para que el público pueda hojear y hacer su propio entramado: “Perder una planta puede poner en riesgo a una cultura tanto como perder su propio idioma (…) la historia de las plantas está unida de forma indisoluble a la historia de los pueblos”, Robin Wall Kimmerer, Una trenza de hierba sagrada.

Una idea que toma cuerpo en la obra de Antonia es que el arte trabaja en y desde la comunidad, es un proceso colectivo de sentido. De ahí que el arte no se encuentra en las piezas exhibidas, sino en el entramado que logremos hilar en nuestra experiencia.

Antonia Alarcón ha comentado que “el arte no solo es una expresión individual, toca intereses colectivos”, y, en ese sentido, su trabajo se configura como un acto relacional que fortalece vínculos, cuestiona estructuras y promueve espacios de conversación donde todas las voces tienen cabida.

La exposición es un vivo ejemplo de cómo el arte contemporáneo puede fomentar dinámicas de cuidado, participación y construcción conjunta, demostrando que la obra artística, cuando se piensa desde las relaciones, es más que un objeto; es un puente que une territorios, memorias y comunidades en un acto continuo de sembrar y crecer sentidos.

Desde 2024 los artistas que han exhibido su trabajo en Servidor Local muestran el proceso de su trabajo y por eso acercan a la audiencia una biblioteca de documentos y elementos que los ha acompañado durante su trabajo creativo.

Antonia acompaña sus lienzos de una biblioteca indispensable para documentar nuestro asombro: Cuando el río llora, de Enrique Enciso y Graciela González, Animales arquitectos, de Juhani Pallasmaa, La teoría de ficción de la bolsa de carga, de Ursula K. Le Guin, How Forests Think, de Eduardo Kohn, How to Read Water, de Tristan Gooley…

A la biblioteca de ideas la acompaña una fibroteca: fibras de Texcoco, Oaxaca, hilados de Colombia, mimbres de Xochimilco, crochets del Amazonas colombiano. Así, Alarcón nos recuerda que, para ella, “todas las exposiciones son como abrir la puerta a un montón de preguntas. Si la gente se queda pensando en algunas preguntas, se cumple un objetivo y eso es lo que me entusiasma”.

Servidor Local es una plataforma facilitadora para el arte que se transforma en un lugar de exhibición, en un foro, un taller, un estudio de creación y, sobre todo, un espacio de encuentro para audiencias interesadas en el arte. Es el hogar para obras que se mueven de las disciplinas tradicionales a las no tradicionales.

Algunos artistas jóvenes que han expuesto desde 2022 encuentran un lugar idóneo para su exploración e investigación, fuera de los circuitos institucionales. “Había olvidado como se veía el horizonte perdiéndose en el cielo” se encuentra hasta los primeros días de octubre de 2025 en Servidor Local (Progreso 24, jueves a sábado de 11:00 a 7:00 pm).

 

Comments are closed.