Desde el norte, Segovia ha ayudado a desmontar la idea de que la literatura mexicana vive solo en la capital. “Cuando publiqué El murmullo de las abejas, algunos lo veían como una curiosidad: ‘las señoras de Monterrey’, decían, pero Monterrey está lleno de escritoras trabajando duro. Nos tocó vencer muchos roles y demostrar que la literatura regional puede ser universal.”
Ciudad de México, 29 de octubre (MaremotoM).- A diez años de la publicación de El murmullo de las abejas, Sofía Segovia reflexiona sobre su trayectoria y sobre el lugar que ocupa hoy la literatura mexicana —en especial la escrita por mujeres— en el panorama editorial. En un país donde los grandes premios literarios suelen recaer en autores extranjeros, la escritora regiomontana levanta una voz serena pero firme: “sí se puede, pero tenemos que ser muchos más”.
Segovia no elude el tema. “Pienso que sí, todavía hay mucho terreno por conquistar. Hemos avanzado, pero falta mucho. Falta mirar más hacia dentro, contar lo que somos desde aquí”, dice desde Monterrey, donde comenzó hace una década una historia que cambió el mapa de la narrativa mexicana.
Cuando El murmullo de las abejas apareció en 2015, nadie imaginaba el fenómeno que sería: más de un millón de ejemplares vendidos, 22 traducciones y una expansión internacional que ninguna campaña publicitaria podría haber previsto. “Llegué por una puerta que encontré abierta”, recuerda. “Fue el momento en que México empezó a mirar otras esquinas del país, a descubrir que había muchas formas de contar lo mexicano.”
La autora se detiene en lo que considera el gran desafío actual: la falta de valoración interna. “Muchas veces el mundo nos toma más en serio que la crítica académica mexicana. Sería bonito ver premios y reconocimientos que miren al talento local. Ojalá me toque verlo, ojalá que la literatura mexicana sea más tomada en cuenta.”

Monterrey y el mito
Desde el norte, Segovia ha ayudado a desmontar la idea de que la literatura mexicana vive solo en la capital. “Cuando publiqué El murmullo de las abejas, algunos lo veían como una curiosidad: ‘las señoras de Monterrey’, decían, pero Monterrey está lleno de escritoras trabajando duro. Nos tocó vencer muchos roles y demostrar que la literatura regional puede ser universal.”
Cita a sus colegas regiomontanas —como María de Alva y Mónica Castellanos— y celebra la efervescencia creativa del norte. “La mayoría somos mujeres, quizá porque también la mayoría de las lectoras en México son mujeres. Estamos conquistando la imaginación del país y del mundo.”

Segovia rechaza la idea de una literatura encerrada en fronteras. “Toda literatura es regional, incluso la rusa o la francesa. Lo importante es que esa región se cuente con verdad. Yo siempre dije: ¿por qué no va a querer venir un ruso a Linares, si yo fui a Rusia a leer La guerra y la paz? La literatura es un viaje. Y lo que queremos los lectores es eso: viajar.”
Después de El murmullo de las abejas, Segovia publicó Peregrinos y Huracán, ambas convertidas en long sellers y recientemente un nuevo título: De lector a escritor. Un manual para contar historias efectivas e inolvidables. “Lo escribí porque quiero que más mexicanos escriban, que se atrevan. Mientras seamos pocos, el mundo seguirá contándonos con los mismos dos o tres adjetivos que nos caricaturizan. Necesitamos agregarle muchos más adjetivos a este país.”
A diez años de distancia, la escritora mantiene su entusiasmo intacto. “Quizá El murmullo de las abejas sea mi obra más grande, pero no voy a escribir con menos pasión. Voy por más. Quiero que la literatura mexicana conquiste la imaginación del mundo.”
Su voz se suma a la de muchas autoras que, desde distintas regiones, intentan abrir caminos para una literatura nacional más leída y más reconocida. En un momento en que el Premio Sor Juana vuelve a mirar hacia el extranjero, Sofía Segovia recuerda que en México también se escriben historias capaces de conmover al planeta. Solo falta, como ella dice, “que nos demos cuenta de ello aquí, en nuestra propia casa.”











