Pasaron 19 citas para que de nuevo Ferrari ganara una carrera, aunque en esta ocasión queda una sensación no del todo completa de triunfo porque el gran contendiente se retiró en la vuelta número cuatro del gran Premio de Australia.
Ciudad de México, 25 de marzo (MaremotoM).- Contra todos los pronósticos, el tres veces campeón del mundo, en uno de los coches con mayor fiabilidad de la F1 moderna tuvo un fallo incuestionable -hay que remontarnos hasta la carrera de Baku en 2021 cuando le explotó una llanta a Verstapen que capitalizó muy bien Checo Pérez para llevarse su primera victoria con Red Bull.
Pero, desde entonces, nada o casi nada le había salido mal a la puesta a punto de los toros rojos en campeonatos cada vez más exigentes. Estoy seguro que, en cuanto el coche del piloto holandés entró a los pits más de seis pilotos se lamieron los bigotes porque vieron que el triunfo era posible. Desde Sainz hasta medianamente Alonso, el triunfo era posible, así que solo bastaba con ver el desarrollo de la competencia.

El primero en saberse ganador, sin duda, era Carlos Sainz, no sólo era el ganador más reciente distinto a Verstappen, su última victoria en Singapur le daban las credenciales, sino que también traía el orgullo desafiante de quien quiere demostrarle al equipo que no lo renovó por error. Sainz, en estas dos carreras que lleva del campeonato, me recuerda un poco a la manera como Checo Pérez afrontó sus últimas competencias con Racing Point cuando se supo fuera de la organización por la contratación de Vettel: es decir, va por todas.
Tras él, Leclerc se saboreó la victoria, pero nunca pudo acercarse a más de dos segundos del otro Ferrari. Menuda frustración debe tener el piloto de Mónaco al ver la manera como Sainz afronta esta temporada y sobre todo, con la llegada confirmada de Hamilton para el año que viene sus sueños de ser campeón se complican en el presente y el futuro. Aun así, la temporada es larga y aún podría pelear por el campeonato si los coches rojos muestran el músculo del pasado domingo. Los otros en saborearse algo fueron Norris, Piastri, Alonso y Pérez.

La carrera de nuestro paisano estuvo echada a la desgracia desde el sábado, cuando le quitaron tres puestos por entorpecer el paso de Hulkenberg en su vuelta rápida de clasificación, si bien no fue error suyo, aunque en las redes sociales los histéricos no dudan en achacarle cuanto error desde el muro le endilgan a Pérez. Ya en carrera, perdió posición con Russell y sin duda algo estaba mal en su coche cuando, tras rebasar a Fernando Alonso después de la segunda parada, nunca pudo despegarse a más de siete centésimas de segundo.
El piloto asturiano hizo ver mal a Checo, pero se sabe que Alonso corre con el cuchillo entre los dientes, como lo demostró casi al final de la carrera cuando hizo un test brake para asustar a Russell quien, en un de por sí nervioso Mercedes terminó yéndose contra las barreras y quedar de espaldas a la pista, con el piso expuesto. Sus llamados aterrados solicitando la bandera Roja quedarán en el registro de que, aun en pilotos con estos niveles de concentración, el miedo al saberse expuestos aflora tras salirse de pista.
Del resto de la competencia, aún quedan otras historias: Piastri que ve cómo le quitan su lugar para darle el podio a Norris; los peleadores callejeros de Haas, que lograron tres puntos en una carrera no tan fácil, el genial Tsunoda que está dispuesto a mantener a raya al sonrisitas Ricciardo, ya con ultimátum encima y luego vienen los coches grises, es decir los Alpine y los Stake que da un poco tristeza, de verdad, que a nadie les interese lo que les ocurra y si, además, hacen paradas en pits tan desastrosas, pues menos.
La temporada pinta más interesante que el año pasado, los Reb Bull ya no se pueden dar el lujo de preparar solo un coche ganador, sino que ahora deben pelear con ambos si quieren reiterar sus triunfos este año. Falta aún mucho por ver; pero como se dice en la calle, ahora sí, parece, hay tiro en la Fórmula 1, a menos que, en Japón volvamos a la normalidad de los últimos tres años… esperemos que no.











