Minerva es una casa editorial mexicana especializada en ensayo, narrativa contemporánea y grafica, con sede en México y España.
Ciudad de México, 21 de agosto (MaremotoM).- Uno siempre le dice a los amigos que a sus hijos les pongan una pelota de futbol antes que un libro. Santiago Hernández, hijo de Jorge F.Hernández, dice que cuando era chico jugó en la cantera de Pumas. Cuando se hizo grande, las lecturas de su padre, esa cantidad de libros, lo hicieron volcarse a la editorial.
Ahora, acaba de fundar con su colega y gran amigo Alberto García, la editorial Minerva, un espacio que busca imaginar las muchas posibilidades que ofrece el libro objeto junto con las ventajas del libro digital.
La formación, diseño y arte de nuestros libros es elaborada por Alberto García Grillasca, atendiendo a detalles minuciosos de cada una de las colecciones. Asimismo, el ejercicio de curaduría editorial es realizado por Santiago Hernández Zarauz.
Más allá del cuidado que requiere la selección de textos literarios que forman parte del catálogo; cada libro está creado con meticulosidad para ser un objeto coleccionable. La tipografía Enrico funge como voz de nuestras publicaciones. Formada por Gonzalo García Barcha, Enrico es la canoa en la que navegan los párrafos, traducciones y llamadas de nuestros libros.
Nuestro primer título, Diario de viaje a Italia por Suiza y por Alemania (1580- 1581) de Michel de Montaigne, es producto de una traducción inédita de Camilo Rodríguez y Álvaro Ruiz Rodilla; de las ilustraciones de A. G. Grillasca y del prólogo de Jorge F. Hernández e inaugura la colección sobre textos trotamundos: Ínsula.
“Santiago Hernández Zarauz, antes de los treinta años ya ha tenido varias vidas ejemplares. Como futbolista fue pretendido por el Getafe que entrenaba Míchel, estudió Relaciones Internacionales y domina el arte de la copla y la jarana. ¿Qué hace un romántico de la posmodernidad con posibilidades de jugar en la liga española, ser diplomático o músico de éxito? ¡Complicarse la vida como editor! Nuestro tiempo es el sitio donde los prodigios ocurren en secreto”, dice Juan Villoro.

–¿Qué es lo que trae Minerva?
–Este es un proyecto que nace con Alberto García, mi socio y querido amigo, que es artista plástico. Los libros son también piezas. Nosotros nos planteamos hacer un catálogo poco a poco, no queremos salir con 15 títulos ni mucho menos. Salimos con una colección que se llama Ínsula, son libros de viajes, pensando en eso que la vida es como un viaje, una manera de reflexionar sobre ello editando libros respectivos. A Alberto y a mí nos gustaba mucho el ensayo, por lo tanto empezamos con Michel de Montaigne, considerado el padre del ensayo. Para leerlo de manera más íntima y tener un diálogo con los lectores sobre la intimidad de un personaje tan grande como Montaigne, hicimos una traducción y una selección de los textos que él escribe en 1581. Lo que queremos hacer es qué lugar tiene el libro hoy. Nos planteamos una colección gráfica llamada Lápiz, donde nos acercamos a artistas plásticos mexicanos, sobre todo, para imaginar los distintos formatos que va a tener el libro hoy. Son las primeras intuiciones con las que estamos trabajando en Minerva.
–Es muy importante trabajar con los artistas gráficos mexicanos
–También lo vemos nos hicimos lectores con cómic. Muchas historietas que absorbimos cuando éramos más jóvenes. Hoy la gente expresa sentimientos con emojis. La cultura es muy audiovisual. Es un momento pertinente para hacer una colección de gráfica, con un ejercicio de curaduría editorial, con un trabajo coral, con artistas. Es una de nuestras grandes apuestas para la FIL de Guadalajara.
–¿Cuál es el lugar del libro ahora? Ahora está cobrando más presencia…
–Creo que sí y también de alguna manera está significándose en muchos otros espacios. Es decir, la estrategia que está teniendo el FCE con la colección Vientos del pueblo, que son fanzines, libros muy baratos para que toda la gente tenga acceso. Nos llama la atención, pero es verdad que si una persona lee un texto en electrónica, le gusta tanto ese libro que le gustaría tener el libro físico. No creo que desaparezca el libro para nada. Menos en libro-objeto. Yo estudio una maestría en arte, en Madrid y es alucinante ver cómo la gente lleva libros físicos, que compra libros. Nosotros estamos haciendo proyectos y colecciones muy bien pensadas. Son libros artesanales, con una tipografía que nos dio Gonzalo García Barcha, un proyecto así, libros así, no sólo son atractivos, nos ponen a reflexionar de cómo esos libros, cuando no estemos nosotros seguirá llenando el librero. El libro tendrá muchas más lecturas en el futuro, cuando ya no estemos.

–Les digo a mis amigos que nunca le acerquen un libro a sus hijos, que les acerquen una pelota de futbol…eso no pasó con Jorge F.Hernández
–Fíjate que es curioso porque yo jugué en la cantera de Pumas, estuve en el Getafe, era como si hubiera tenido un poco al margen el mundo de mi padre. Pero mi manera de conjugar las oraciones era terrible. No sabía hablar bien y empecé a leer, aunque en realidad el ejercicio de amar la lectura fue un acto amoroso de mis padres desde muy pequeño. Creo que tiene que ver con la experiencia que atraviesa cada uno. Hay libros que resuenan mucho después. Aunque yo no era un lector, el libro La peor señora del mundo, de Pancho Hinojosa, cuando pasaron los años me empezó a resonar mucho más. Ahora la vida no está en levantar la Copa del Mundo, sino en esta cosquilla maravillosa que me produce leer el punto final de una novela.
–El ensayo está bastante difundido en México, acá hace falta más ensayos…¿Van a publicar obras actuales?
–Mira, nosotros decidimos empezar de esta manera con la colección Ínsula para empezar a reflexionar sobre el catálogo y el formato con el que vamos a utilizar. La editorial publicará voces de su tiempo, las que están hablando en este momento. Para la siguiente FIL en Guadalajara abrimos una colección de narrativa y de ensayo contemporáneo. También tenemos la inquietud de abrir una colección de poesía. Es el ejercicio curaturial de un museo de arte contemporáneo. A mí me fascina el Museo del Prado, Antropología, donde empiezo a reflexionar cosas más puntuales sobre el mundo que camino, son las exposiciones actuales. Lo mismo pasa con una editorial, que tiene responsabilidad política y social.

–¿Cómo es el tema del patrimonio?
–A diferencia de muchas editoriales, estamos haciendo tres títulos al año, eso nos permite tener unas finanzas sanas, nos está dando la oportunidad de gestionar los proyectos de manera muy puntual. Nos capitalizamos y realizamos el nuevo proyecto. Estamos apostándole a nuevas tecnologías, a distribución por Internet, hacer libros digitales que tengan un componente artístico, como realidad aumentada, por ejemplo. El audiolibro, los de la colección Ínsula traen un mapa hecho por Alberto García y no descartamos que el libro pueda tener un código qr, para que veas y sigas esa ruta en un viaje.
–¿Por qué se llama Minerva?
–Minerva tiene una concatenación de azares maravillosos en la vida de Alberto García y en la mía. Le rendimos respeto por un lado a la diosa de la sabiduría, a la de la guerra, del conocimiento, pero también resulta que mi padre tenía una casa en el sur, en la calle Minerva 29. Se armaba una tertulia de escritores, allí en un pequeño archipiélago de la Florida.

LA INDUSTRIA GRÁFICA EN MÉXICO
Hablamos también con Alberto García Grillasca, el responsable de esta editorial que tiene tanto a la literatura como a los dibujos en un mismo nivel. Alberto dice que su “obra se centra en la gráfica, los libros y la creación de contenidos para la educación, la cultura y el entretenimiento” en la página web, donde revela entre otras cosas que es submarinista.
–¿Qué significa el arte gráfico mexicano para ti?
–Yo quiero decir con mucho orgullo que siempre he considerado que México siempre ha sido tan fuerte como el box en términos gráficos. Son pugilistas de la tinta, México siempre ha tenido a artistas gráficos de primera. En ese sentido, es mi deber hacerle justicia a mi oficio. Encontré en los libros el recinto ideal para dejar ahí mi legado y para contribuir a la cultura de mi país y del mundo.
–Hay muchas chicas que dibujan ahora
–La gráfica está en proceso de exploración y de descubrimiento, de identificación, está considerando su identidad con un rumbo vanguardista y con una actividad incesante. Me da mucha curiosidad a artistas gráficas, para colaborar con ella y para contribuir a imprimirlas y que ellas dejen su legado. Me parece fascinante. Imagina ver el trabajo de Irasema Fernández, de María Conejo, que están descubriendo una identidad contemporánea de la gráfica.











