Su obra es vasta, pero su legado principal, dice con humildad, es la enseñanza: “Soy, ante todo, un profesor”.
Ciudad de México, 3 de septiembre (MaremotoM).- El homenaje a un profesor suele ser también un homenaje a una época, a una generación y a una forma de entender la vida intelectual. Eso fue lo que ocurrió recientemente con el filósofo y crítico de arte, investigador de tiempo completo del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), miembro del Seminario Universitario de Modernidad de la UNAM fundado por Bolívar Echeverría y fundador del Seminario de El Capital en la Facultad de Economía.
Un grupo de alumnos y colegas decidió, sin previo aviso, organizar un reconocimiento a su trayectoria. “Fue un homenaje espontáneo”, explica el propio filósofo. “Un día me dijeron: oye, te vamos a hacer un reconocimiento por todo lo que has aportado. Yo dije, adelante. Y así lo hicieron, con mesas en las que participaron personas cercanas a lo que yo encarno como profesor y pensador”.
“Hablar de aportes no le corresponde a uno”, señala. “Yo en realidad soy un profesor universitario que se ha desenvuelto en universidades públicas, afortunadamente, a lo ancho y largo de la República Mexicana. He dado cursos en España, en Ciudad de México y fuera de ella. Mi adscripción principal es a la Universidad de Puebla. He impartido filosofía y arte, y paralelamente he contribuido a crear maestrías, doctorados, talleres. Es decir, generar estructuras institucionales que sirvan a los alumnos en un futuro”.

Entre sus obras más importantes destacan Marx o la crítica de la economía política como fundamentos (1984), Los caprichos de Occidente (1986), Holderlin y la sabiduría poética (2004), Kandinsky/Bacon. Pintura del espíritu/pintura de la carne (2004), Artaud/Dalí. Los suicidados del surrealismo (2006), Goya y la modernidad como catástrofe (2006), Marcel Duchamp. Itinerario de un desconocido (2008), Leonardo da Vinci. Pintura y sabiduría hermética (2009) y T.W. Adorno. Individuo autónomo-arte disonante (2010).
El homenajeado no rehúye a repasar su trayectoria intelectual: “Mi generación estaba muy ligada al marxismo, pensando que contenía las condiciones de la emancipación social. En un primer momento trabajé dando clases y escribiendo libros sobre marxismo. Incluso tuve cercanía con la Revolución Cubana, con la esperanza de que fuera una alternativa a los totalitarismos del socialismo real. Pero después vino la decepción: Cuba también cayó en ese círculo. Entonces entré en crisis, en el buen sentido: revisar mi propia trayectoria teórica”.

En 1980 publicó Los caprichos de Occidente, un libro donde mezclaba Dadaísmo y la Escuela de Frankfurt. A partir de ahí, el arte se convirtió en un eje: “He tratado de forjar un pensamiento cuya seña de identidad es pensar el arte desde el arte. Las artes dan a pensar, no sólo sobre ellas mismas, sino sobre la realidad”.
Sobre la vigencia de Karl Marx, es claro:
“Lo primero es separar a Marx del marxismo. Marx hizo una anatomía del capitalismo como nadie lo había hecho: lo denunció como un poder basado en la explotación y en la acumulación de capital. Eso sigue siendo valioso, pero pensar que con Marx basta para criticar la modernidad fracasada en la que vivimos es excesivo. Marx pertenece al antropocentrismo occidental, no hace una crítica de la razón técnica. Hoy necesitamos otros referentes: Freud, por ejemplo, para entender la economía libidinal capitalista, el deseo cooptado por la estetización de la mercancía. O el arte, que es capaz de abrir espacios de resistencia”.
Para el filósofo, los dos grandes acontecimientos del siglo XX fueron las vanguardias artísticas y los años sesenta. “Soy un hijo del 68”, dice. “El arte se expandió con las vanguardias, buscaba implicarse en la vida. Esa posibilidad fue liquidada por los totalitarismos y mediatizada por el capitalismo. Pero sigo creyendo que el arte y los movimientos singulares —mujeres, africanos, artes— son los que pueden resistir la lógica unilateral del capital. Hay que remover todo lo que nos ha llevado al hoyo en el que estamos. Como decían los ilustrados: tener agallas para pensar por uno mismo, radicalmente, sin límites”.
Además de su trabajo académico, ha sido curador de exposiciones en México y el extranjero, conferencista en múltiples universidades y conductor del programa Territorios del arte en Radio Educación. También coordinó los Coloquios Internacionales de Arte Contemporáneo del Festival Cervantino.
Su obra es vasta, pero su legado principal, dice con humildad, es la enseñanza: “Soy, ante todo, un profesor”.











