Los minutos negros -y no tanto- del director de Guadalajara Capital Mundial del Libro, en un contexto que hoy termina con una gran Feria del libro en la calle. Esta es una entrevista larga y a veces atropellada del director de la revista Los Cínicos, hecha a pedido de MaremotoM, José Antonio Monterrosas Figueiras. Preparen un café y lean esta nota histórica e increíble.
Ciudad de México, 22 de abril (MaremotoM).- Cuando sucedió esta charla con el escritor Martín Solares, director de Guadalajara Capital Mundial del Libro, el ex rector y presidente de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, Raúl Padilla López todavía seguía vivo. Era 28 de marzo, ya se encontraba en Guadalajara la antepenúltima estrella literaria para realizar varias actividades, Pilar Quintana, la escritor colombiana ganadora del Premio Alfaguara 2021, por su libro Los abismos. La conversación con Martín Solares sucedió en el Hotel Doble Tree, ahí mismo donde un día del año pasado conversé con la cronista argentina Leila Guerriero. La entrevista con Solares fue obviamente de Guadalajara Capital Mundial del Libro, a la que poco a poco fui entrando, hace un año. El 22 de abril de 2022, pude estar en su inauguración y di un recorrido por los stands al aire libre de la Feria Municipal del Libro de Guadalajara, sucedida en los primeros cuadros de esa ciudad que tenía tiempo de no estar y que ahora es de nuevo parte de mi cotidiano, por el momento. En la misma conversación con Solares abordamos algo sobre su novela Los minutos negros, que recién pasó a ser película, también de sus diferencias con el actual director del Fondo de Cultura Económica, el también escritor Paco Ignacio Taibo II, de su desencanto por el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, por quien votó en el 2018 para ser presidente de México. Ahí mismo le pregunté sobre qué pensaba de que había un desacuerdo sobre que el que encabezara este programa organizado por la UNESCO, viviera fuera de Guadalajara. Largas respuesta de Solares, yo sólo le daba un poco de cuerda para escuchar cada una se sus palabras veloces como un tren bala, aunque él dice que había dormido poco, tal vez dos horas, y que por ello sintió que fue una platica un tanto atropellada, a mí eso me pareció que le dio personalidad al diálogo, que suele ser sin dudas ni brincos. Dudar, repetir, resbalar, olvidar las palabra nos muestra un lado más humano, de los hombres y mujeres que a hablan como si estuvieran dictándole a alguien su siguiente libro, sobre todo en tiempo marcados por una pandemia y una invasión en Ucrania. En fin, que aquí va todo esto.
-Me gustaría que me contaras cómo ha sido esta experiencia, estamos en la recta final de Guadalajara Capital Mundial del Libro, que comenzó el 23 de abril del 2022 y termina este 22 de abril de 2023. Así que primero cuéntame cómo es que llegaste a ser director de Guadalajara Capital Mundial del Libro…
-Mi cargo estrictamente hablando, según dice mi contrato, no es director, sino gerente del Programa Guadalajara Capital Mundial del Libro, pero la gente me ha llamado director, presidente, coordinador: me han puesto todos los cargos. Para mí lo importante es el trabajo que estoy haciendo, no el cargo.
Siete meses antes de que empezara el programa, me llamó José Luis Coronado para preguntarme si podía diseñar un proyecto de fomento a la lectura que propiciara un cambio en la manera como se vivía la literatura aquí en Guadalajara. No me explicó para qué. Me dijeron que requerían un apoyo en esa área, que buscaban a un coordinador para un proyecto literario muy ambicioso. Agradecí la invitación y diseñé un programa que reunía la experiencia ganada en todos los proyectos que he realizado a lo largo de mi vida, como la feria del libro de Oaxaca. Antes sólo ocurría en una zona de la plaza principal, los eventos ocurrían por las tardes y traían un número limitado de escritores durante una temporada muy larga. Propuse que esa feria durara menos días y llevar muchos más escritores, que fuera patrocinada por las embajadas de otros países, que cada emisión tuviera una identidad particular, un diseño inconfundible y que no representara un evento efímero, sino que seis u ocho meses antes de que ocurriera la feria, visitáramos cada una de las escuelas de Oaxaca y buscáramos que cada una de esas escuelas adoptara un libro. Fuimos a todas la universidades, a las secundarias, las prepas y les preguntamos: “¿Quieren que venga Paul Auster a platicar con ustedes? Consíganos cien lectores que lean un libro suyo durante de los siguientes meses para que los alumnos tengan de qué conversar con él, que sepan a quién están recibiendo gratuitamente”. Entonces les hacíamos un enorme descuento, en colaboración con las editoriales de más del 30 %, para que vieran que habían un carácter eminentemente cultural en eso, compraban libros, los alumnos los leían, se fascinaban descubriendo autores que provenían de otras latitudes, que tenían ideas muy refrescantes sobre cómo ver al mundo, cómo se hace la gran literatura, y cuando llegaban Paul Auster, Juan José Millás, Carlos Monsiváis, Margo Glantz, Sergio Pitol, Rodrigo Rey Rosa se encontraban con lectores de primera en facultades de medicina, preparatorias públicas, en secundarias privadas. Pancho Hinojosa se encontraba cientos de lectores de sus libros nuevos o de los clásicos y se iba creando una comunidad de lectores que preguntaban qué más va a ocurrir, de manera que cuando llegaba la feria y volvía a venir esos autores u otros parecidos, había ya un público creado para ellos.

Sembrar lectores siempre me ha interesado. Lo volví a hacer en Campeche con otro programa que coordiné allá, lo hice en Zacatecas, en un taller que hice con unos cuantos amigos. Nos propusimos crear un grupo de cien lectores constantes y nos organizamos para que cada mes se subsidiara la compra de cien ejemplares de un autor y también su visita. Hicimos que la gente leyera alguno de los libros de ese autor, de modo que cuando Liliana Blum, Fernanda Melchor o Emiliano Monge llegaran a dar una conferencia se encontraran con un grupo de interlocutores muy interesados en su modo de pensar y escribir. Ese tipo de conversaciones son muy gozosas. Crear comunidades literarias es una de las cosas que más me regocijan en la vida. Cuando diseñé el proyecto recuperé eso, pero también mi experiencia como tallerista: he sido profesor y editor de muchos autores, y ayudé un poco en la medida en que esto es posible a que algunos jóvenes autores y escritoras terminaran su primer o segundo libro y les di un pequeño empujón hacia las editoriales o hacia los agentes, así que quería ofrecer esto dentro del programa también.
Como sabes, estudié y viví en Guadalajara durante cinco años. De Tampico, Tamaulipas, me vine para acá gracias a una beca que me dieron los Jesuitas en el ITESO. Ahí estudié cuatro años, luego me quedé un año más a trabajar en el Centro Cultural Roxy, donde creamos un taller literario autosubsidiado. Éramos cincuenta lectores que amábamos la literatura, todos muy jóvenes, de entre 18 y 22 años; cada quien ponía cincuenta pesos al mes y con eso pagamos el boleto de avión, dos noches de hotel, las comidas y la gasolina de un escritor que viniera de Ciudad de México o de otra ciudad de la república, a darnos una charla. No les pagábamos pero organizábamos una presentación, les presentamos a cincuenta lectores fieles y entusiastas que había leído todos sus libros y bueno, era una fiesta la posibilidad de tener esa conversación con ellos. Con esa fórmula invitamos a José Emilio Pacheco, que canceló una charla pagada para venir a conocer a sus cincuenta lectores, a Fernando del Paso, a Enrique Serna, a Juan Villoro, a José Agustín… y bueno, quería recuperar estas experiencias, porque estoy convencido de que crear comunidades literarias a todos nos hace bien: a los lectores porque leer te saca de tus problemas y te lleva a ese universo o dimensión que es la literatura, permite que te olvides por un instante de todo lo que te aqueja y conocer otro punto de vista, de modo que cuando regresas a este mundo tienes una mirada mucha más fresca y serena y a veces divertida que la que tenías antes de abrir ese libro.
Diseñé un programa que aprovechaba mi experiencia de editor, de tallerista, de profesor y también de autor. Sabía que lo más difícil cuando estás empezando a escribir es que alguien te lea y te dé una opinión honesta y sabia, con gran experiencia editorial, del auténtico valor de tu obra, y sugerí crear siete talleres literarios en Guadalajara para que los poetas, los periodistas, los novelistas, ensayistas e incluso los escritores de cómic tuvieran la oportunidad de recibir una retroalimentación por parte de creadores con experiencia comprobada. Poco después de que envié esa propuesta me llamaron Gerardo Ascencio y José Luis Coronado y me dijeron: “Oye nos convenció tu proyecto, queremos que hagas una presentación con otros miembros del Ayuntamiento, tuvimos una charla por Zoom, me interrumpieron a los 15 minutos y me dijeron: “Ya lo leímos, este proyecto es lo que estamos buscando; mira: seleccionaron a Guadalajara hace dos meses como Capital Mundial de Libro” (Creo recordar que fue en septiembre eso). “El proyecto original lo realizó Nubia Macías con un equipo de investigadores, cuando otro partido político estaba en el gobierno, ahora seleccionaron a Guadalajara y la obligación de realizar ese proyecto recae en nosotros, pero entre el momento en que se mandó el proyecto de Nubia y su equipo y que se seleccionó el proyecto, pasaron muchos meses y ocurrió una larguísima cuarentena, de modo que algunas de las librerías han cerrado, algunos actores que se pensaba involucrar han fallecido”, etcétera. Me dijeron que no existían las mismas condiciones, que había que actualizarlo y tomar en cuenta que aún había una cuarentena de por medio y que no se podía organizar eventos en lugares cerrados: todavía estábamos saliendo de la pandemia y del encierro, y la gente tenía fobia de asistir a librerías y a espacios públicos. Me explicaron que querían echar a andar mi propuesta, pero necesitaban que estudiara el proyecto anterior y revisara qué se podía rescatar a fin de cumplir el compromiso con la UNESCO, y cómo transformar las actividades de presenciales a virtuales si empeoraba la pandemia de repente, de modo que el programa pudiera ocurrir.
Me reuní con Dolores Garnica, la directora de literatura del Gobierno de Guadalajara; con la directora de Cultura de Paz de aquel entonces, con el mismo José Luis Coronado, incontables veces, y fuimos aterrizando el proyecto. Al principio yo hice un presupuesto muy aproximado…
-¿Que el presupuesto fue de 50 millones…?
-No, inicialmente diseñé uno de alrededor de 22 millones, lo suficiente para apoyar nuevas ediciones en las editoriales locales, restaurar al menos una biblioteca. Hice los cálculos tomando como referencia los costos de la Ciudad de México, después Coronado y su equipo hicieron un ajuste de acuerdo a los costos de Guadalajara. A mí me anunciaron que había sido aprobado mi proyecto a principios de noviembre de 2021.
Entre esa fecha y principios de abril, me reuní a diario con José Luis para revisar cada ángulo y cada costo, porque él debía defenderlo ante las personas involucradas en autorizar el presupuesto dentro del Ayuntamiento. La mayoría de las veces me llamaba para contar que no habíamos obtenido el cien por ciento, y había que reformular los costos. ¡Dios mío! Ahí íbamos, a empezar otra vez, a defender cada elemento, a revisar qué podíamos recortar, etcétera.
Desde el principio advertimos que había ángulos ciegos en la comunidad cultural tapatía, que representaban un desafío. Por ser Guadalajara una ciudad con una actividad cultural tan rica y tan intensa, hay quien tiende a quedarse satisfecho con resultados a nivel local; no todos los proyectos culturales están planeados para subsistir a largo plazo, y algunos están felices de hacer un performance más que un proyecto cultural sostenido, que pueda tener incidencia en la comunidad a lo largo del tiempo.

Investigamos muchísimo, desde los fondos de las editoriales hasta las características de los centros culturales oficiales y alternativos, y con eso adecuamos ambos proyectos a la realidad.
De los siete proyectos que propuse echamos a andar seis; respecto a las bibliotecas me indicaron que se encargaría el Ayuntamiento directamente.
Me hubiera gustado que además se fundaran bibliotecas pequeñas en barrios donde no hay una sola librería, como es el caso de Analco. En algunos barrios la única manera de acercarse a libros de manera gratuita es a través de las tres docenas de novelas que alguna cafetería ofrece a sus visitantes para que puedan hojearlos, lo cual es muy triste en una ciudad como Guadalajara.
Me fui a caminar por distintos barrios de Guadalajara con expertos del ayuntamiento y confrontamos mi propuesta contra un diagnóstico que habían hecho ellos de las zonas violentas de la ciudad. Desde el principio buscamos que no todas las actividades ocurrieran en un solo barrio de la ciudad, sino que se expandieran e incorporaran a las zonas más violentas. Nos propusimos ir a lugares que no recibían las visitas de escritores, donde no se regalaban libros ni había presentaciones o lecturas, y que allí hubiera por lo menos un par de eventos literarios a lo largo del año, y hacer ahí una buena convocatoria de los talleres gratuitos y de las conferencias abiertas al público.
En cuanto a los talleres y las conferencias originalmente queríamos que se impartieran en un área aún más extendida de la ciudad, pero no todos los museos ni todas las galerías aceptaron que se realizaran estos eventos en sus instalaciones. Algunos declinaron esas invitaciones y nos quedamos con siete centros: el Museo del Periodismo, el Museo del Niño, la Biblioteca Latinoamericana Octavio Paz, la Casa Clavijero, el Colegio de Jalisco, la Ciudad Digital y la Biblioteca Arroniz.
Ocho días antes de que empezara el programa me enviaron a Georgia, a una primera reunión con todos los ex directores de otras ciudades que habían sido capitales mundiales de libro. Fue una experiencia muy interesante e intensa, porque todos preguntaba en qué se iba a distinguir Guadalajara de lo que habían hecho veinte ciudades anteriormente. Ahí me llevé la grata sorpresa de que Guadalajara es la ciudad que más ha apostado a talleres de largo alcance y se concentró en apoyar a editoriales independientes.
Nuestro programa tiene la voluntad de traer un beneficio a largo plazo para la literatura que se va a crear en los siguientes años en esta ciudad. Estoy seguro que después de un año de trabajar con Antonio Ortuño, con Alejandra Xanic, con el mismo Trino, con Cecilia Eudave, con Carlos Vicente Castro, todos los alumnos que trabajaron sistemáticamente con ellos serán mejores lectores y críticos de sus propios trabajos. Esperemos que también adquieran la disciplina necesaria para ser mejores escritores y que, al igual que los escritores que han visitado esos talleres, ellos también puedan vivir de la literatura. Que constaten que soñar con vivir de lo que uno escribe no es un sueño guajiro: es una posibilidad, siempre y cuando uno piense que la escritura es un oficio, no un hobbie. Yo siempre he admirado a colegas como BEF o Alberto Chimal, que se dedicaron a escribir de tiempo completo desde muy jóvenes y eso les ha dado la oportunidad de construir un estilo y una voz propia. Si alguien cree que por publicar un poema cada vez que se enamora de una nueva novia se va a convertir en poeta, está muy lejos de la realidad. Escribir es una de las profesiones que implican más sacrificios.
Hicimos un énfasis en la enseñanza de la literatura pero también queríamos propiciar una conversación literaria mediante las conferencias mensuales. Cada mes obsequiamos tantos libros de los conferencistas visitantes como fue posible. Empezamos por regalar 120 ejemplares al mes, pero se recortó un poco el presupuesto desde enero para acá y ahora estamos obsequiando 70 o un poco más, según los precios de los libros.

-De diferentes editoriales…
-Exacto, ese era una de los objetivos, que los invitados estuvieran publicados por distintas editoriales. Hemos tenido autores de Almadía, de Sexto Piso, de Alfaguara, de Random House y de Ediciones Era: elegimos a los mejores sin importar dónde estaban publicados. Originalmente propuse traer un autor cada semana, de manera que fuera posible visitar todas las escuelas al final del año, pero no había presupuesto para tanto, así que nos quedamos con un solo autor al mes y lamentablemente no alcanzamos a visitar una buena parte de la ciudad.
– En ese sentido algunos editores y escritores locales dicen que por qué el que está al frente del programa viene de la Ciudad de México y no vive aquí en Guadalajara, ¿qué tendrías que decir al respecto?
-Pues que están muy vivos los prejuicios hacia los foráneos en Guadalajara, pero no me extraña mucho: ya parece que es mi destino. Cuando fui a trabajar en Almadía y en la Feria del Libro de Oaxaca muchos reclamaban qué estaba haciendo ese foráneo ahí, pero yo llegué ahí por el maestro Toledo. Él supo del taller de novela que yo impartía en París y me convenció de ir a darlo en Oaxaca cada dos meses durante un año. De ahí salté a Almadía. Creo que hicimos un buen papel. Almadía era una editorial que entonces estaba surgiendo y tenía serios problemas para hacerse visible. Cinco años después se convirtió en una de las editoriales más relevantes de México.
-Que ya incluía el separador…
-Esa fue una invención de Ave Barrera, la editora inicial. Eso me pareció una buena aportación y se quedó, pero las camisas las inventamos Magallanes y yo, porque queríamos recuperar los libros que ya había publicado Almadía. El reto que le puse a Magallanes fue que cada lector se pudiera llevar una obra de arte editorial por cien pesos. Queríamos publicar los libros que todos soñamos encontrar y que no son frecuentes, porque suele haber muy mal gusto en las editoriales comerciales y muy poco dinero en las editoriales artesanales.
no pues mira ahí sí creo que tendrían que preguntarle a Ascensio y a Coronado y a Pablo Lemus: “¿Qué no había a aquí en Guadalajara capaz de echarse el compromiso, durante tanto tiempo y hacer tantos sacrificios y gastar tanto de su propio dinero, dejar tantas cosas del lado familiares, personales, sentimentales, por Guadalajara, o sea por este proyecto”, pues si no lo encontraron es muy extraño, yo mismo me lo pregunto, pero la verdad es que quizá les gustó el proyecto, quizá los otros que se presentaron aquí, no estaban a la altura, quizá les salí barato.
Otra cosa que me reclama uno de los diarios locales es por qué cobré tanto, y te confieso que estoy arrepentido de no haber cobrado el doble o el triple, pues me gasté el veinte por ciento de cada sueldo en resolver problemas cotidianos que el Ayuntamiento no podía asumir, cosas que para muchos de los invitados resultaban gestos de cortesía que esperaban recibir por parte de la ciudad. Debíamos ser dignos representantes de la ciudad, de modo que los visitantes se fueran satisfechos y contentos de lo vivido aquí.
-¿Y los 3 mil dólares que se le daban a cada invitado?
-Esa información no es precisa. Esa es la cifra que se pagó solamente a los escritores internacionales que participaron en el programa principal de conferencias. Se autorizó esa cantidad luego de estudiar los estándares que esos autores cobran en otras ciudades de Europa o Estados Unidos, donde suelen pagar entre 300 y quinientos dólares por lo menos, o mucho más, dependiendo de la celebridad del invitado.
-¿Se le pagó mucho más a Baricco, por ejemplo?
-Nooo. Baricco, que es muy generoso, cobró exactamente lo mismo que el resto de los conferencistas. Según me informan mis contactos, algunos autores europeos y norteamericanos se niegan a participar en un evento que les pague menos de 10 mil dólares, mientras que otros lo hacen gratuitamente y por amistad, pero yo no quería pedir favores. Después del horror de la cuarentena uno aprecia mucho más el trabajo cultural, así que sólo le puse dos condiciones a Coronado: pagar a tiempo y pagar lo justo. Y a veces ¡Ah, cómo se han tardado! Que yo recuerde, mi primer cheque llegó tras casi cinco meses de espera, cinco meses en los que estuve ocupado de tiempo completo en el programa…
-¿Cómo le hacías, Martín?
-Me gasté mis ahorros. Llegó un punto en el que le dije a José Luis: “¡Si no me pagan el siguiente mes, no podré ir a inaugurar Guadalajara Capital Mundial del Libro, porque no tendré cómo pagar la renta!” Estaba muy enojado. Para mí el único desafío realmente duro fue toparme con el boquete que hay en cierta zona de la burocracia. Hay una oquedad tremenda entre las personas que toman las decisiones y los funcionarios que autorizan que se expida un cheque, ¡Dios mío! Me consta que el alcalde Pablo Lemus aprecia la cultura y aprecia el programa: sabe cuánto vale la pena, y que lo realizamos con la cuarta parte de lo que le hubiera costado a otros equipos.
Yo no acepté el trabajo por dinero, lo hice porque quería aportar algo a la ciudad. A Guadalajara le debo mucho: aquí me formé como escritor. Yo siempre he dicho que tengo un treinta por ciento de sangre tapatía en mis venas, porque esos cinco años que viví aquí fueron decisivos. A Guadalajara le debo todos los autores que descubrí en la biblioteca del ITESO, en la Feria del Libro de Guadalajara, a los que conocí en la Cátedra Julio Cortázar o en el taller del Roxy. Todos esos encuentros me formaron como escritor y si me fui de Guadalajara fue porque no había dónde trabajar entonces, pero yo fui muy feliz aquí.
Entonces Roger Bartra me publicaba en La Jornada todos los reportajes o artículos que le enviaba, y llegó un momento en que invitó a trabajar de planta con él. Fue una etapa muy bonita. Me fui a la ciudad de México gracias a esa invitación y así empezaron a ocurrir otras cosas: me invitaron a trabajar en Tusquets Editores y me fui quedando en el D.F., pero siempre soñaba con regresar y cuando me convencieron de que este año podría realizar algo padre en esta ciudad, acepté.
Estoy convencido que Guadalajara es la ciudad más literaria de México y que aquí se podría fundar un fabulosa escuela para libreros, por ejemplo, como no hay en todo el país.
-¿Qué faltó?
-Faltan más talleres gratuitos para todo aquel que no pueda pagarlos, ¿no te parece? Más apoyos para los editores independientes. Inicialmente deseábamos que la convocatoria de apoyo a los editores, que fue anual, fuera semestral, de modo que se les otorgara el doble de apoyo: dos millones al año en lugar de uno, pero por lo menos se consiguió ese apoyo inicial, y creo que en algo ayudara y fue un buen punto de partida. Los colegas del gobierno están haciendo lo necesario para que ese apoyo quede como una política pública en favor de los editores locales. Así esos libros podrían competir de una manera más justa con la presencia de las editoriales transnacionales.

Antes de irme pienso sugerir que se funde una cátedra o un programa permanente, a través del cual el gobierno de Guadalajara invite a distintos artistas y escritores a venir cada mes, de modo que haya una oferta cultural más rica, y que estas visitas se compartan con los estudiantes de las diversas escuelas.
Perdón por tanta imprecisión y divagación: todavía combato un poco los estragos del Covid, pues el virus pasó dos veces por mi venas.
-¿Lees el diario, a diario en las mañanas?
–Sí, me levanto y leo un rato. Es lo primero que hago. Después de la primera tanda de Covid, no podía ni leer, no podría concentrarme, algo horrible, fue la peor etapa de mi vida, no podía leer, eso era horrible, no podía concentrarme, no podía entender lo que estaba leyendo. A la semana de que me dio Covid no entendía lo que estaba leyendo. Por fortuna esa niebla se fue esfumando, pero no podía entender, decía: “¡Me voy a matar, porque no puedo seguir así!”, por fortuna eso se esfumó pero desde que ya recupere eso, tenía que ver películas, esa semana me la pasé viendo películas horribles y series aburridísimas y súper tontas, que dije: “¡Ay, Dios mío, esto no es Laurence Sterne, ni Javier Marías!”, aunque soy muy cinéfilo, pero todos los días me levanto y leo por lo menos una hora, me levanto a la seis y leo un horita y después empiezo a escribir, pero trato de buscar un impulso en las cosas que estoy leyendo, hay días en que no, que empiezo directamente la escritura, me levanto, sobre todo cuando estoy terminando una novela.
Entonces me dedico a escribir. Yo organicé mi vida para escribir desde que me despierto hasta las doce del día, con un pequeño paréntesis para llevar a mis hijos a la escuela cuando están conmigo, escribo o leo, los llevo a la escuela, me regreso corriendo, me siento a escribir, voy por ellos, y en la tarde ya hago cosas prácticas, escribo guiones o doy clases o conferencia por zoom, escribo artículos, reviso guiones, algunos cineastas me mandan cosas que están haciendo y me pagan por ello y eso suele ser algo que me ayuda a equilibrar algo mis finanzas, a lo que siempre me niego a trabajar gratis, sobre todo con cineastas o productores, yo creo que entre ellos hay muchos de los explotadores de los escritores que hay en este país, y hay que evitarlos, y bueno, en la noche si puedo otra vez, vuelvo a leer un poquito, antes de dormir.
Digo porque también está mi pareja, están mis hijos, con mucha frecuencia estoy viendo un cosa, lo mejor del mundo, estoy apunto de terminar un novela arrolladora, subyugante y llega mi hijo y me dice: “¡Papá, necesito hablar contigo!”. Bueno, pues dejas a Patricia Highsmith de lado y… “Por supuesto, ¿qué pasó?” Y lo escuchas. Oye es que tu hijo está llorando porque tuvo una pesadilla y dices: “¡Momento!”, que se espere Steiner, aquí hay una misión más urgente, pero lo más difícil siempre es dejar de lado lo que estás escribiendo, tener hijos te ayuda a ser más eficiente. Siempre se reduce el tiempo que tenías para escribir, para leer, pero dices: “Hoy sólo tengo una hora o media hora”. En esa media hora tiene que salir una cuartilla daría y no, bueno, te digo mi rutina siempre es empezar leyendo, sigo escribiendo y cuando ya no puedo evitarlo prendo el teléfono y empiezo a recibir noticias de que el apocalipsis está cerca o hay que pagar cuentas o buscar a un nuevo presentador porque alguien de la UdG nos canceló para no quedar mal con sus jefes, o cualquier cosa de esas que han pasado.
Solamente porque deveras he dormido dos horas el día de hoy, vas a disculpar que esta charla sea tan desordenada, pero te iba decir… Yo, si me fuera con el rabo entre las patas, consciente de que no hicimos lo que nos propusimos, pero me voy muy contento y muy feliz de que cinco de siete cositas se están logrando, ya le va a tocar al Ayuntamiento reconocer cuáles son necesarias y seguir apoyándolas y esforzándose de que sigan sucediendo, yo estoy convencido que en Guadalajara se merece mucho más actividad literaria que la gran actividad literaria que le ofrece la FIL, o sea es como si tuviéramos sólo un fiesta al año y solo una conversación de café, que vale la pena al año, no hay que tenerlas una vez al mes, por lo menos, o cada semana, y no solamente en la Expo, sino en toda la ciudad. ¿Sabes qué ha sido una de las cosas más difíciles de encarar aquí?, la resistencia de los tapatíos a salir del barrio en el que habitan, es una cosa con la que, vaya, no es no es algo fácil de resolver. Desde que yo estudiaba aquí, alguien se la pensaba par ir al otro lado de Federalismo o de la Calzada para ir a un evento cultural…
-Y a qué se debe eso…
–Eso quisiera saber yo, pero esa resistencia realmente ha sido… Me hubiera gustado más, yo quería volantes, yo quería gente en las calles haciendo promoción a las conferencias y a los talleres y todo, yo quería eso, yo sugerí una serie de saltimbanquiins que tenían que estar en las salas de cine, en los centros comerciales, leyendo poesía, ahí. Eso ya no me lo concedieron, pero yo dije: “Tenemos que ir a donde no hay lectores a invitarlos a que se interesen por esto.
-Y por qué no querían eso…
-Bueno, no hubo presupuesto y eso que hicimos hicimos un presupuesto castigadísimo. Decían: “Para todo cultura tenemos esto, buscando esto de aquí y de allá, para Guadalajara Capital vamos a conseguir este proyecto y además lo vas a recibir en dos partes, una el primer año y otra el segundo”. Eso de que lo vas a recibir, es un decir. Otra de las condiciones que yo puse desde el principio que ni un centavo partido por la mitad, pasara por mis manos, básicamente porque no soy administrador y esa es un arte en la que necesitamos a alguien muy competente. Ni siquiera mi propio sueldo, ahí sí me arrepentí, podía yo solicitarlo a tiempo, ese si fue el segundo gran problema, los obstáculos burocráticos, que nos pagaran a tiempo, prácticamente nunca se consiguió.
Hablo de colaboradores que están esperando su pago hace tres meses, te puedo hablar de un pago que el Ayuntamiento tiene con una persona que trabajó en la Feria el Libro el año pasado que va a cumplir un año, que no le han pagado y yo no puedo entender que alguien pueda posponer el cumplimiento de la palabra empeñada un año. Frente a una persona que vino a dar una conferencia y no le han pagado, yo no entiendo eso. Sabiendo que todos lo creadores vivimos de lo que estamos haciendo, entonces sí, sí hay cosas ahí que a nivel burocrático, el lado perfectible de Guadalajara Capital Mundial de Libro, el que se percibe como desorganizado es el lado burocrático, porque te puedo decir, mi gente se desvela hasta la dos de la mañana, los primeros seis meses todos trabajos hasta los fines de semana, que te lo diga Lammers, que te lo diga Ángel Melgoza, Julieta, todos nos reuníamos los fines de semana a cubrir, capacitarnos, para saber quiénes iban a venir, cómo había que tratarlos, cómo íbamos a organizar los eventos, quién iba a moderar si yo no iba a estar presente, todo eso.
La verdad es que las cinco personas que formamos el equipo, me voy muy feliz de que todas cumplieron su papel, por encima de lo esperado, resolviendo los problemas que surgían a cada minuto y creo que quienes trabajaron con ellas y ellos, van a decir qué padre que Lorenza Barragán, coordinó los talleres, porque nunca falló, consiguió micrófonos donde no los había, que a veces se los pedíamos por acá, por la burocracia, y llegaban con tres meses de retraso; se capacitó como especialista en Zoom y en distintos programas, porque los que nos ponía no sabían lo que era Zoom y aseguraban se expertos. Ese fue el lado más latoso. Cuando en alguna conferencia tuvimos problemas técnicos, yo hubiera resuelto mejor yo, si yo hubiera puesto mi computadora, yo mismo hubiera abierto Zoom. Sí tuvimos desde ese lado, personas que no estaba capacitadas, pues es una pena que con mucha frecuencia hubo que remontarlo o remar contra la corriente todo mi equipo junto, compartir las desmañanadas, las desveladas.
Por ejemplo, varias veces estuvimos angustiados porque un vuelo se cancelaba, entonces nuestro autor iba a perder una conexión o unos libros no llegaban, que quiero decir, unas cosas que sabía que iban ocurrir, que esperamos que ocurrieran, desde el principio, es que distintos actores culturales empezaron a involucrarse, es una pena que la Universidad de Guadalajara y el Gobierno del Estado estén tan escindidos actualmente, eso tampoco presentaba, por decirlo con un eufemismo, las condiciones ideales para nosotros, lo ideal que hubiéramos coordinado un solo programa desde el principio y con responsables en cada zona y con cada área, pero cada quien trabajo por su lado. La UdG recibió un apoyo del Ayuntamiento y realizó una serie de actividades velocísimas, el Gobierno del Estado hizo otras por su cuenta y nosotros seguimos con este programa, pero extrañamos de repente que gente de la UdG no quería colaborar con nosotros, que nos cerraban auditorios, alegando que tenían acceso a actividades y no era cierto o bueno, no era comprobable y decíamos: “Ay, caramba, qué pena que no todo fue terciopelo, pero a pesar de eso pues creo que sacamos lo que nos propusimos”.
-Sobre Los minutos negros novela de Martín Solares al cine
–Uno de los motivo por los cuales acepté la invitación a coordinar el programa en vivo, de venir acá con tanta frecuencia y estar a cargo de todo, fue que después de estar encerrado dos años y miedo en la cuarentena, yo tenía ganas de ver gente y tenía ganas de platicar con la gente en distintos foros, quería ver a mis amistades aquí. Yo muchos de mis mejores amigos de la vida salieron de la estancia en esta ciudad de cinco años y muchas de mis mayores influencias literarias, Jis y Trino son dos amigos muy importantes, también Ortuño es una de las últimas amistades que yo he hecho, que ese importante para mí.
Bueno, aquí viven maestros míos y maestras a las que yo les debo muchísimo. Gente que me prestó libros de un autor en momentos decisivos y bueno, cuando se alinearon las constelaciones y me dijeron: “Necesitaríamos que tú vengas a moderar, a coordinar cómo lanzamos la convocatoria de coediciones, a coordinar la revisión de los talleres y todo esto. Ah pues perfecto, suena idílico, en la práctica fue más bien burocrático, pero en mi poco tiempo libre si he tratado de ver por lo menos a una persona querida por mí y de contactarme otra vez con Guadalajara, esta ciudad ara mi ha sido, es como mi madre, la verdad, en términos literarios, si Tampico fue mi padre, y el padres siempre te trata mal y a patadas, Guadalajara fue la ciudad que conmigo siempre se portó protectora, me abrió las puertas de sus bibliotecas, privadas y públicas, que me permitió tener mis primeras colegas de mi edad, gente que para la cual escribir literatura tan importante como para mí y desde que yo llegué aquí, la verdad es que yo tenía la idea de escribir algo que he vivido yo en mi infancia en Tamaulipas y es la historia de “Los minutos negros” y yo estaba convencido que había algo en esa historia que merecía ser contado, no sabía exactamente qué y yo empecé a escribir los primeros borradores aquí en Guadalajara, tengo borradores de 1989, de Los minutos negros, de las primera páginas que no sabía por dónde iba yo a abordarlo y de cosas que después se convirtieron en No manden flores, por el hecho de vivir en una ciudad tan extraña como Tampico, Tamaulipas, en la cual se oye los mismo corridos de Los Tigres del Norte y toda esta cultura vaquera de botas, sombrero, cinturón piteado, y al mismo tiempo, la cultura del mar y de la pesca, de los guaraches, de Rigo Tovar y de estar echados todo el día, la chancla, los mariscos y al mismo tiempo la cultura norteamericana que llega masiva, masivamente, todos días allá, la canciones en inglés, las hamburguesas, la aspiración de vivir en Texas y que tu ciudad tenga muchos Freeways y al mismo tiempo, la parte prehispánica que todavía se encuentra en la ciudad, porque tú transitas Tampico y te encuentras con una pirámide y te encuentras con una pirámide perdida en una colonia a la mitad de la nada, o empiezas a escarbar en el jardín de tu casa y puedes encontrar cosas muy extrañas.
Muchas de mis amigas que vivían en las zonas en las cuales estaban las viejas pirámides olmecas de ahí o de los viejos, viejos pobladores de Tamaulipas, se encontraban con unos jarrones viejos muy raros, como pasó en mi casa cuando expandieron una habitación, que ya avisamos al INAH para que viniera a recogerlos, en esa zona cuando tu empiezas a escarbar encuentras cosas, durante décadas, se supo que había una pirámide escondida en el jardín de una señora y que la señora no quería que el INAH fuera porque le iban a tumbar su jardín, hasta que se hicieron cargo y dijeron: “No, vamos a sacar esa pirámide, vamos a expropiar las casas y vamos a reconstruirla, ¿no?”
Bueno, yo quería hablar de todo eso, de haber vivido en una ciudad tan extraña sin muchas librerías, ni muchas bibliotecas y de las cosas que me daba miedo y de las cosas que yo amaba cuando vivía en esa ciudad, para mí dejar Tampico fue un gran golpe, un gran golpe en mi vida. Yo vivía muy feliz ahí. A los diecisiete dejé Tampico. A los diecisiete yo me vine para acá. Y me vine entre otros motivos porque no había librerías, no había bibliotecas, la oferta libresca era muy pobre y yo era alguien ávido de leer, una persona ávida de leer buena literatura y hablar con gente que supiera escribir, y bueno, no había talleres, no había maestros de literatura, lo más que te enseñaban era ortografía y ahí terminaban los conocimientos de literatura y redacción y no, yo esperaba conocer mucho, saber en qué consistía, por qué unas historia se quedan con nosotros toda la vida y otras no tanto.
Vine a conocer el Iteso con la promesa de una beca por mi buen comportamiento, con los Jesuitas de Guadalajara, por mis buenas calificaciones y para sorpresa mía me dieron primero la mitad y a los seis meses la otra mitad, entonces eso me permitió estudiar, entonces el Iteso empezaba a incrementar sus cuotas hasta los niveles estratosféricos que tiene ahora, ¿no? Me parece una canallada, bueno, como muchas universidades privadas de este país.
Aquí empecé a escribir esa novela y en los viajes que yo hacía en autobús de Guadalajara a Tampico cada seis meses, cuando regresaba a mi tierra, venía de un modo intenso, por eso esta novela abre con un viaje en autobús y cierra con otro. Para mí es muy importante salirte de tu ciudad un rato y verla con los ojos de otras ciudades.
Cuando me fui a vivir a París, cuando me fui a vivir a la Ciudad de México extrañé mucho Guadalajara, fue una segunda gran pérdida para mí, yo me quería regresar cada quince minutos, no merecía nada, ni merece todavía el smog, la sobrepoblación, la densidad demográfica, la delincuencia organizada, las argucias de la gente para carterearte allá, ¡oh Dios mío! No es para mí la ciudad ideal, sobre todo por la contaminación y esto que estamos hablando, la inseguridad.
No me podía venir para acá, finalmente me enamoré de una mujer que soñaba con irse a vivir a París y que la becaron para estudiar y dar clases allá, y cuando la fui a convencer de que se viniera ella aquí, me convenció ella a mí de quedarme allá. Entonces yo renuncié a mi trabajo como editor de Tusquets y empecé a ganarme la vida como tallerista, gracias a mi vida. Antes era un tallerista gratuito, pero ahí empecé a cobrar por los talleres y hacer lo que pudiera, reportajes, lectura de guiones para cineastas, todo. Hasta dibujé menús para restaurantes, hice yo los dibujos de menús que luego se imprimían para restaurantes, también ese fue uno de los muchos trabajos en París. De los más extraños, inventamos un restaurante de comida mexicana para un empresario de origen afgano, y dije:”¡Dios mío!”, porque estaban de moda los restaurantes mexicanos y este nos pagó por asesorarnos por ello. Yo empecé a trabajar en el taller de Daniel Sada esta novela, la cual ya tenía muchas cuartillas escritas y la terminé de escribir en París, finalmente.
El contacto por mi muchas películas extrañas de cine negro de otras latitudes, con series que sólo se pueden ver en la Cinemateca parisina, sobre todo con una literatura mucho más diversa, me enseñaron que yo no quería escribir una literatura policiaca convencional, no dije: “Dios mío estamos en México expuestos principalmente a la literatura norteamericana, con héroes que siempre hacen justicia, a pesar de que el sistema de justicia sea tan dudoso, que encuentren al culpable, que esté apoyados por un FBI o una DEA que impecables y la realidad de México no es esa, se necesitan de otros recursos para contarla. Pues sí escribí esa cosa y ya. Es una novela que corrió con muy buena suerte, yo pensaba, como yo era editor y cada vez que yo contaba a algún escritor también estaba escribiendo mi propia novela, siempre veía que me recibían con recelos, nadie creía que un escritor podría trabajar en una editorial también. Todo mundo te veía con recelos.
Yo solía contarle la historia de Los minutos negros, a quien quisiera escucharme y se la conté a escritores desde hasta Noruega y todo mundo me decía: “Oye es buena historia; los más generosos me decían: “Por qué no la escribes tú”. Te la estoy contando a ti para que tú la escribas. “Martín, esa historia es tuya, si no la escribes en dos años, la voy a escribir yo”. Y poco a poco me fui convenciendo de que tenía que escribirla y se adquiere un compromiso con la novela y una vez que terminé esa novela, la vida cambió para mí.
Mira, fue como si hubiera construido un edificio yo solo. Un edificio modesto pero en el cual yo, busqué todos los materiales, inventé la técnica, diseñé lo planos arquitectónicos e inventé y seleccioné a sus moderadores. Para mí fue un esfuerzo tan grande porque quería que hubiera una novela sobre Tamaulipas, que no había. Concretamente sobre Tampico. También quería, de alguna manera, entenderme, saber quién era yo. Las primera novelas dicen que siempre son autobiográficas, todos auténticos escritores que he conocido, cuentan que su primera novela, aunque no lo parezca resulta ser autobiográfica de buena manera, eso lo que a mí me sucedió, llegó un momento en que yo me di cuenta en que tenía que sacar mis propios pies de la novela, para que llegaran los personajes imaginarios a habitarla y cuando yo salí y quité al personaje que era mi doble, de hecho lo maté, para que no quedara duda y que no quedara vuelta atrás, llegaron los personajes de ficción y así apareció, el Macetón, Rangel, todo los personajes de esa novela y bueno pues no me quedó más que seguirlos.
Yo estoy convencido de que la literatura, sobre todo escribir novela, tiene mucho que ver con la idea de sacrificios, con mucha frecuencia tienes que quitar lo que más te gusta de novelas, si no quitas ese capítulo que a ti te gustó tanto, que te parece es lo mejor que has escrito en tu vida, a veces no permites que la novela exista, porque ese capítulo que tú ves como un Paraíso, es un bloque de cemento para los lectores y es el momento en que tú crees que construiste una prosa muy elegante, muy creativa, muy artística.
No son más que balbuceos que están estorbándole al lector en el viaje que quiere realizar. Uno tiene que dejar de pensar en sí mismo, pensar que quiso el lector. Qué quise decir yo, por supuesto y sobre todo que quiere la novela, si es una planta cuántas ramas quiere tener, qué direcciones quiere seguir, qué tipo de luz le falta y bueno, tienes que prender a cortar lo que compita con esa intención de la novela. Max Ernst decía que cada vez que atacaba un lienzo en blanco, ponía unas cuantas manchas de tinta, les preguntaba a dónde quieres ir, quién quieres ser tú, y la edad descuadra descubrir qué quería ser esa mancha de tinta. Con una novela es lo mismo siempre tenemos una imagen inicial que debemos descubrir, hacía dónde quiere ir y que ella nos diga por dónde y que ella nos muestre el camino.
Tratar de escribir una novela por receta no funciona, mucha es la basura absoluta, que está circulando en todas las editoriales, son novelas que están escribiendo por receta y por contrato. Escribe una novela de tal personaje histórico mexicano, basura, salvo que seas un Eduardo Parra o un Enrique Serna, mucha gente no llega a hacer algo perdurable, si no están de acuerdo qué ha sido de las centenares de novelas históricas que publicaron Grijlbo, Plaza y Janes, Planeta, Seix Barral, Random House, Alfaguara, en los últimas cuatro décadas. Ni nos acordamos de ellas. Nos acordamos de tres. Don Fernando del Paso, Serna, Parra y por el momento párale de contar. Se necesita tener mucho talento para decir algo propio a través de personajes tan planos y tan fallidos y tan engañosos como suelen serlo las figuras históricas mexicanas, yo creo que lo Bomberito Juárez, quizá, sería como un Dolores Padierna, yo estoy convencido que si empezamos a escarbar algo, vamos a encontrar lados oscuros que no han llegado a nuestras biografías oficiales, y nos falta explorar el lado del monstruo. Quizá esto lo digo ahorita porque por supuesto es uno de los íconos de la 4T y, Dios mío, no estoy de acuerdo con esos íconos.
-Y ya viste ¡Qué viva México!…
-No he visto muchas de Luis Estrada, empecé a seguirlo con El infierno porque hablaba de el narcotráfico, en el momento que estaba ese problema tan fuerte y me impresionó mucho el personaje del Cochiloco. Además, me enteré que había un personaje que se llamaba el Cochiloco en Los minutos negros, puse un personaje que se llamaba Cochiloco, lo puse porque leyendo notas rojas, escuché de un sicario de por acá, se me quedó el nombre, cuando fui a presentar la novela a Culiacán, me dijeron: “Por qué hiciste eso, cómo te atreves, por eso no voy a presentar tu novela”, “¡Queee!”, “Pues como te atreves a meter al Cochiloco, el Cochiloco es un tipo muy sanguinario, que sigue vivo y anda por aquí”.
Ese día yo no quería ir a mi propia presentación, pero yo no sabía que existía todavía un personaje que se llamaba Cochiloco. Obviamente Google hasta el 2005, cuando terminé la primera versión de Los minutos negros, los nombres de todos mis personajes, porque no quería bautizar alguno, con el nombre de alguna figura política o real que después pudiera quejarse, todo eso lo cuide, pero entonces el Cochiloco no estaba en las redes y me parecía un nombre simpático y bueno, no he sido el único que le ha parecido simpático ese nombre, es una invención poética muy extraña. ¿Un cochino loco? Es algo simpático pero resulta que también es algo peligros y que hay un sujeto que le suelen llamar así y que así le suelen llamara unas personas muy bravías en Culiacán, entonces bueno, pues mira esta novela me ha sorprendido de muchas formas, hasta con alguno de los personajes que ya existía y yo no lo sabía.
–Y brincó al cine…
-Como al mes que salió la novela en México, meses después que en España, me dicen en Random House que llegó aquí un chavo que dice ser cineasta, “que dice que te quiere conocer, que quiere comprar los derechos de Los minutos negros”, “ay, no puede ser”. Y sí resulta que Mario Muñoz, que acababa de terminar Bajo la sal, estaba visitando librerías para cargarse de inspiración y encontrar cosas y vio mi novela, vio la descripción, la empezó a leer ahí mismo y se la llevó, la leyó esa noche, y dijo: “Esto es lo que quiero hacer” y me contactó. Entonces empezamos a negociar, eso y yo dije: “Mira, es mi primera novela, yo no necesito que salte al cine, me da miedo”, dijo: “No, vamos a hacerla”.
Hubo otras dos ofertas. Por ejemplo, una productora que quería que yo la transformara en una serie, estaba empezando el furor de las series, pero que yo escribiera los guiones y que gratuitamente y que después viéramos si había un beneficio para mí. “No”. Y entonces estaba muy concentrado por No manden flores y lo que se volvió luego Catorce colmillos y quería escribir, ya Catorce colmillos y No manden flores, entonces dije: “Escribir otra vez eso”, lo cual me tardé casi diez años, dije: “No gracias”, ya salí yo de esto que lo escriba cualquier otra persona, como serie y no se hizo esa serie, ahorita hay alguien ahí que está interesado, pero vamos a ver qué pasa.
También en No manden flores, también hay alguien que la quiere hacer película y alguien que la quiere hacer serie, pero todo mundo quiere que uno escriba el guion gratuitamente y bueno, son productores que tiene dinero, pero todo mundo espera que tu trabajes de gratis, “No bye, págame si quieres que yo trabaje”, y este, “tú le pagas a tu albañil que va a trabajar para hacerte esta pared, pues págame a mí”. También, claro. Y más ahorita, después de la cuarentena, ¿no? Y más de la política cultural que hay en todo el país, que te piden que siempre trabajes de gratis.
Cuando llegaron esto de la 4T, de los cuales yo tenía muchas esperanzas, por los cuales yo voté, el primer mes me hablaron deveras, como de 20 centros culturales de provincia, que si aceptaba dar charlas gratuitas, o sea, chale puedo dar un taller gratuito al mes, pero no uno cada tercer día porque entonces de qué vivo, la verdad es que so se volvió una política, no cobres, queda bien con nosotros y algún día te pagaremos con algún favor.
-¿O vender a 20 pesos libros? ¿No?
–Es una tontería. Estupidez absoluta.
-Ahí a alguien le falta dinero…
-O sea, el 10% de 20 pesos, deveras, bueno por qué no es coherente Paco Ignacio Taibo, que es el que está apoyando esta política y no vende su libro del Che, su libro de Pancho Villa, y sus compendios de Belascuarán a 15 pesos, además ya han vendido miles de cada uno de ellos. Así que, por qué no empieza él dando la muestra, por qué pedirle el sacrificio a los escritores, no yo creo que están haciendo papilla lo poco salvable que queda del Fondo de Cultura Económica, Educal y la Dirección General de Publicaciones.
Es un horror tener a una sola persona haciendo el trabajo de varios comités, se necesita que haya pluralidad, no un soldado al cual le dicen: “Reporta en cultura”, y está feliz reportado en cultura porque eso es en la aspiración de su vida, volverse un soldado ciego y sordo, que no entiende el mundo, que se quedó con una idea de la literatura, que es propia de los años setenta y que cree que esa literatura, sobre todo la literatura propagandística es la única que sirve.
Creo que Paco ha sido una de las más grandes decepciones que yo he tenido, entre las personas que se han metido a hacer cultura en este país, yo esperaba que él hiciera algo, que en su grado quijotesco se diversificara y que yo esperaba de su lado quijotesco, te voy a decir, sigo creyendo que Paloma Sáiz su esposa, que Marina, su hija, son estupendas personas y se quitan la camisa para dársela a alguien más y también Paco, pero tanto poder en una sola persona no es bueno, y además ese revanchismo de decir voy a destrozar a Nexos y a Vuelta, porque me trataron mal a mí, no espérate, yo mismo los he criticado, soy el único torpe que ha criticado a Nexos y Vuelta, en los periódicos en lo últimos años, porque también tiene su cosas criticables y la verdad es que yo creo que un funcionario público como Taibo no tendría que tendría que azuzar el odio contra ellos, tendría más bien que ver que hay de rescatables revista que han concentrado lo mejor de la inteligencia mexicana durante tantas décadas, y ya estuvo bueno de revanchismos y ya maduren, que ya crezcan, él y todos los que trabajan ahí que están convencidos de que hay dos bandos, los buenos y los malos, ese maniqueísmo no le ha traído nada bueno al país, esta tendencia a instigar el odio, ¿qué estamos sacando de ahí?, esta separación entre fifís y chairos, ¿deveras no hay mucho más en la cultura mexicana que fifís y chairos?
Yo creo que es una manera muy comodina de entender la realidad, están conmigo, es como un pueblo bueno, si están en contra o no aceptan tooodo lo que yo digo, son fifís y seguramente son conservadores y canallas y perdieron privilegios, no, no, por supuesto que no, yo he perdido a muchas amistades que trabajaban… Mira muchos de los que están Alejandra… No voy a decir nombres, pero mucho de los que trabajaban en cultura…
–¿Alejandra Frausto?
-No voy a decir nombres, pero mucha gente que en las cuales yo tenía confianza en que iban a hacer las cosas muy bien, han sido enormes decepciones, ¿no? Y gente buena que estaban ahí trabajando se empiezan a salir porque ya no se puede, estamos mintiendo a todo mundo, desde: “te vamos a pagar” o “sí estamos trabajando en eso”, no estamos desactivando inconformes, te acuerdas el papelote que hicieron tres o cuatro años, cuando los artistas inconformes pidieron un cambio de política cultural, esto se parece al PRI, y no es PRI.
Me tiene muy decepcionado , que francamente están sirviendo a un gobierno, no están sirviendo a la comunidad cultural y estamos retrocediendo en materia de políticas públicas de instituciones, de proyectos, la FILIJ, es vergonzoso como han hecho un cascajo, lo que era una construcción cultural muy sólida, la Feria del Libro, retirarse del apoyo a la Feria del Libro de Guadalajara, alegando que hay caciques y eso, pues sí pero el gran beneficio que reporta para todo el continente y para todo el mundo que exista la FIL, al Premio FIL, quitarle el apoyo que le daba el Fondo de Cultura, me parece básicamente criminal y hay un cosas que ellos no reconocerán en público pero yo lo he visto, que se niegan, bueno lo vivimos, se niegan a apoyar un proyecto que no salga de Morena.
Te voy a ser sincero, yo no tengo ningún pendiente y si le caigo mal a este gobierno mexicano en turno, me tiene muy sin cuidado, yo soy independiente, cuesta trabajo vivir de lo que hago de mis talleres, pero como no tengo quién me patrocine, te puedo decirlo yo, fíjate que yo he visto con mucha frecuencia que llegué a proponerle a muchos de ellos, oigan apoyen a tal feria, a tal encuentro literario, ha recibido el apoyo del Fondo o de Educal, la Secretaría de Cultura, a lo largo de los años, si necesita hacer eso , “Ay sí, cómo no”, pero en realidad quieren deshacer todo lo que no sea de origen Morena, todos los eventos culturales, los impulsos culturales que tengan origen en Morena, los están ninguneando, lo están desdeñando y eso es tremendo, la verdad es que se publican menos libros, se organizan menos eventos literarios, se otorgan menos premios, luego los otorgan solamente a este asunto de las plicas, que nunca me quedó completamente claro, el cual la credibilidad del INBA, tuvo una norme caída como no había tenido nunca con este escándalo de que se abrieron las plicas, el Premio de Novela José Rubén Romero, hace unos años, cuando llegó la 4T, pues fue una enorme decepción, no nos esperábamos eso de ellos y de gente que nosotros conocemos.
Entonces te diría, desde el principio yo sabía, que no podíamos contar con el Gobierno de México para echarle las ganas a Guadalajara Capital Mundial de Libro, lo sabía, aquí hubo un intento se le invitó, el Sistema Nacional de Creadores para la Feria Municipal de Guadalajara pedimos que nos apoyaran con más de cuatro meses de anticipación, con veinte escritores aquí, ¿sabes cuánto nos pagaron? Ninguno. Ocho meses después nos dijeron: “Bueno, podemos enviarles un par de escritores por Zoom”, “mi vida eso lo hacemos nosotros gratuitamente”, o sea ya pasó la Feria Municipal del Libro, nunca contestaron, enviaron a un tipo de segunda aquí, a nombre de Secretaría de Cultura, porque les cuesta aceptar que otras personas pueden hacer la cultura posible.
No, no, hay muchas envidias, mucho revanchismo, es que están coartando muchos impulsos que tenían décadas, hechos realizados por gente de buena fe, muchos encuentros de provincia o se ven reducidos o desparecieron, el de Acapulco desapareció, el de la Paz, lo hacen ahí con trabajos, hay muchas cosas que están desapareciendo o ya desaparecieron, y cosas en las cuales tendrán que rendir cuentas, porque ya existían un sistema de apoyo a los creadores y ve tú quiénes están en los jurados, gente que tiene un plaquete de poseía y no es que sea una premio Nobel, yo creo que no están capacitados para esas becas y ve quién las están obteniendo, gente con perfil más político que artístico, que un 20% de los premiado cada convocatoria, ahorita no me parece que sea gente con talento incontestable, como el mismo Ortuño, como el mismo Pacho Hinojosa, es gente que sabemos que van a aportar algo bueno a la literatura mexicana, pues muchos de esos creadores, están aprendiendo el abecedario, se lo van a pasar gastándose ese dinero, hasta ahora no hemos visto ninguna aportación interesante de ello, los hemos visto rechazados en editoriales porque no tienen la calidad, yo estoy francamente… Bueno ya no estoy tan indignado, estoy muy desencantado, pero está furioso, a medida que yo me enteraba de todo eso. Ahorita si no ya otro momento. Te puedo profetizar que vamos a terminar el asunto de Guadalajara Capital Mundial de Libro sin un apoyo notorio del gobierno de México, porque hasta ahora no ha ocurrido, ya dejamos de tocar esas puertas hace mucho, sabemos más bien que vamos a encontrar un obstáculo. Eso ha sido incomprensible. Y bueno, frente a un gobierno nacional que no apoya, una escisión a nivel regional que no ayuda a que todo sea más intenso, más productivo que a veces cierra puertas por temor a quedar mal con algunos poderosos, bueno y con un presupuesto que cada vez es menor al que se había solicitado originalmente y después de muchos exámenes y deveras de haber hecho muchos cálculos”, mira nada más en hoteles, yo me he quedado en diez hoteles, buscando uno que sea prudente, que no cobre una barbaridad y que tenga tarifas razonables para decir: “A dónde podemos llevarlos”, para usar bien el poco presupuesto que se dispone, si hubiéramos tenido más gente, hubiéramos podido buscar patrocinios entre los hoteleros, aquí en Doble Tree, nos ha apoyado mucho, nos hace descuento para que se puedan quedar aquí los creadores la semana, es un lugar seguro, limpio céntrico, yo hubiera querido tener más patrocinadores y gente que podríamos, agradecer a través de publicidad o cualquier otro tipo de gesto, como le hicimos en Oaxaca, para la Feria del Libro o en Zacatecas, que nos daban café a alumnos de novela que tenía yo allá.
Si alguien viene a Oaxaca a nuestra feria se lleva un alebrije, una pieza de chocolate, unas tlayudas y mezcal, por lo menos, más lo que podamos juntar, y una bolsita con un recuerdo de esto, una camisa o una cachucha o algo para el sol de acá, buscamos patrocinadores para todo eso y tiene los danzantes. Yo creo que si pudiéramos hacer permanente esto, eso sería una área que me gustaría poner a alguien a cargo solamente de eso.
Haciendo un balance de la experiencia, yo estoy muy contento de todo lo que pudimos hacer, si no hubiera armado un equipo tan bueno con Lorenza Barragán, Néstor Pérez Castillo, Julieta Salgado, Gerardo Lammers y Ángel Melgoza, esto no hubiera funcionado. Ya todos sabían que tenían mucho que aportar en su área respectiva, que eran los mejores, no encuentro a nadie con el perfil aquí en la ciudad como el de Gerardo Lammers, por más que le busque, gente con la honradez y la honestidad de todos los demás y el compromiso y el valor que le dan a la cultura, no se dan en maceta ese tipo de personas y por fortuna aceptaron formar parte del equipo.
Cuántos meses nos hemos tenido ajustar el cinturón en este proyecto porque el Ayuntamiento que no tiene a veces mucha prisa pagar tu sueldo, a veces algunos burócratas menores no tienen ningún interés de cumplir la palabra de sus jefes o simple y sencillamente lo que es una obligación del Ayuntamiento, no la tienen, desconocen el valor de los eventos que se están realizando y el valor de la palabra empeñada de sus jefes, no están interesados en que eso ocurra, pero a pesar de todo eso, me voy ir muy contento por todas las cosas que ya hicimos.
Si tu te metes a Internet ahí están los programas de Gerardo, vienen un montón de videos que está haciendo Ángel Melgoza, de primera calidad, en cada universidad o prepa que visitamos hubo reacciones en Twitter o en Instagram, tú puedes ahí ver todo lo que está ocurriendo y te puedo decir que yo creo que el saldo es positivo y que no hay manera interpretarlo de otro modo.
Insisto en que ninguno de los que trabajamos aquí nos hicimos ricos, salimos todos más cansados, mucho más cansados pero muy felices, la verdad es que el hecho de estar en contacto con gente que quiere leer, tu puedes convencer al Ayuntamiento que regale libros en esa prepa o en ese penal o en ese orfanato, unos cuantos, indicados para esas personas, oh Dios mío, pueden ser felices esas personas un rato, y si además les llevas a los autores a hablar de ese libro, ellos ya lo leyeron, que fue el caso de Guillermo Arriaga, que fue a hablar al tutelar de menores de una novela sobre una prisión, fue a hablar sobre la libertad, ¡ah, fue una gran experiencia!, ¡un gran momento!
Yo rescataría muchas cosas, sobre todo que casi cada día, todavía traigo aquí, en mi libreta, frases que he estado apuntado de la gente que convive aquí, de las cosas increíbles que he estado escuchando, pero creo que fue una buena carta de literatura concentrada en Guadalajara, más allá de la FIL, a la FIL también fuimos llevamos a Alberto Moguel ahí, eso lo pagamos nosotros, vaya que fue complicado traer a un autor de su talla, en una fecha difícil en que todo el mundo lo invitaba a otras ferias y lo conseguimos.
Creo que estoy contento, sí me queda la espinita de que se pudieron hacer más cosas y me queda una preocupación, que ojalá se volviera permanente este tipo de fomento a la literatura, no estrictamente bajo la forma que yo propuse, pero tener por lo menos a seis personas en un ciudad de la talla de Guadalajara, realizando un fomento a la literatura de un modo intenso, más allá de la Dirección de Literatura, que dirige muy bien Dolores, que cumple funciones extraordinarias, pero de un modo más intenso, sistemáticamente, a lo largo de un largo periodo de tiempo, va a ir transformando la vidas de la gente que vive en la ciudad.
Yo estoy convencido que eso pasa, te podría contar muchas cosas, cómo la gente se a propia de personajes literarios o palabras, de términos literarios, porque estuvo leyendo varios libros en un semestre y al final chavos banda, de Zacatecas, están hablando de Drácula o de Gandalf, o del Señor de lo anillos, eso va enriqueciendo su visión del mundo. Yo si creo que eso te hace mejor persona, definitivamente, no te convierte en la Madre Teresa de Calcuta, pero sí te hace una mejor persona, nada más porque tienes mejor ortografía, mejor vocabulario, manejas más tiempos verbales, has tenido más contacto con la belleza, conoces más historias, sabes que no todo es blanco y negro, que hay muchos matices.
En La Iliada y La Odisea no sólo tienes héroes y villanos, tienes seres vivos, unos defienden a Troya y otros defienden a Grecia y las setecientas páginas de La Iliada te muestran una riqueza de matices, del troyano más abyecto, al más sublime, del rey aqueo más canalla, al más heroico, te das cuenta que no hay blanco y negro, son muchos, muchos matices, es una cosa que nos enseña la literatura.
Tratamos de no repetir un solo país, ni una sola tendencia, ni una sola temática, vino Pilar Quintana a hablar de la pobreza extrema, del horror, de la literatura; Víctor del Árbol a hablar de la corrupción en la policía y de las dificultades con la autoridad, que todos tenemos desde el papá hasta el tribunal de justicia; Sheridan a hablar de cincuenta libros que ha escrito sobre la poesía mexicana del siglo XX.
Fue una muy bonita experiencia y sí la repetiría a ciegas mil veces, siempre y cuando, no tuviera que lidiar con ciertas capas de la burocracia regional y aunque estuvieran más peleados la UdG con cualquier gobierno local, si lo volvería a hacer, por la cantidad de sonrisas y por tantas conversaciones sobre literatura.











