Soy fan de Fiesta en la madriguera y he leído todos sus libros a propósito de luego hacerle una entrevista. Sin embargo, El pasado anda atrás de nosotros (Anagrama) me ha conmovido con una fuerza bestial; como si el autor, entrada ya la cincuentena, hubiera mirado al pasado para resarcirse como un verdadero juez en todas las historias que lo han traído hasta aquí.
Ciudad de México, 13 de agosto (MaremotoM).- “Un Buster Keaton con unas gotas de mezcal”, ha dicho el crítico de Le Figaro, Thierry Clermont. Con Juan Pablo Villalobos el humor es melancólico y sorpresivo. Aparece el humor cuando no quedan cosas que explicar o cuando lo explicable es inútil.
Soy fan de Fiesta en la madriguera y he leído todos sus libros a propósito de luego hacerle una entrevista. Sin embargo, El pasado anda atrás de nosotros (Anagrama) me ha conmovido con una fuerza bestial; como si el autor, entrada ya la cincuentena, hubiera mirado al pasado para resarcirse como un verdadero juez en todas las historias que lo han traído hasta aquí.
En La cocinera de Castamar, una serie española recién vista, un hombre se queja por haber llegado a los 50 y haberse dado cuenta de que todo ha sido trabajar y trabajar. Bueno, te falta llegar a los 100, dice el interlocutor, así que todavía tienes tiempo. Es cierto entonces que un Juan Pablo Villalobos joven, nacido en Lagos de Moreno en 1973, reconstruye una vida posible que otra vez circularmente lo trae a su lugar de origen y desde allí nace lo que podríamos llamar literatura, una novela grandiosa.
Lo hemos entrevistado para la Casa Universitaria del Libro (CASUL) y ahora le pedimos prestada esa nota para compartirla con los lectores de MaremotoM.
ENTREVISTA A JUAN PABLO VILLALOBOS (Escucha)
–Esta novela te muestra como alguien que está dentro, más allá de la autoficción o de la autobiografía, que me parece no tienen que ver con esto…
–Quizá me estoy haciendo viejo. La verdad es que el tiempo pasa para todos. Cumplí 50 años en 2023. Es una novela muy generacional, es el momento en que los que nacimos estamos iniciando la madurez. En relación con la familia asumimos el rol de cuidadores y nos toca ocupar el lugar que ocupaban nuestros padres. La literatura mexicana siempre anda dando vueltas alrededor del padre y en este caso estamos hablando de una especie de hijo pródigo, convocado porque sus padres lo necesitan para que los cuide. Este es el punto de partida para que al pobre protagonista le ocurra una serie de enredos, de aventuras, de peripecias, de malentendidos, que son las que caracterizan todas sus tramas. Esas tramas donde pasan muchas cosas. En las acciones se manifiesta lo social, lo político, que no esté tanto en las digresiones de los narradores, es lo que me gusta a mí.
–Hay mucho trabajo en esta novela, narras como si fuera natural, que es absolutamente complejo
–Hay una idea que le leí a Héctor Libertella, decía que reescribir era darle naturalidad a aquello que no lo tiene. Me quedó esa frase para siempre. El trabajo de reestructurar, de replantear, de ir borrando la huella de lo artificioso y lo artificial. La escritura, toda creación artística, es artificial. Le damos una especie de atmósfera natural, pareciera que hay una ligereza, una fluidez, que generarían la ilusión de que no está muy trabajado. Uno de los elogios que más me gustan, aunque es un elogio paradójico, es cuando dicen qué fácil lo leí.

–El diálogo que hay entre los padres me pareció profundo, ligero y difícil de lograr
–El pasado anda atrás de nosotros, a través del diálogo, se vuelve una novela polifónica. Hay una noción que tiene el diálogo que me interesa mucho y es romper el relato que tiene el narrador. Si no hay diálogo y el relato es todo a través del narrador, parece como una especie de neurosis. No voy a dejar que nadie hable, solo yo hablo. Hay novelas geniales escritas sin diálogos, pero me da mucha risa, porque parece que el narrador dice esta pelota es mía y no se la voy a prestar a nadie. El diálogo también ayuda a esa sensación de ligereza y muestra a los personajes sin necesidad de describirlos.
–Lo que yo te quería marcar son esos diálogos cotidianos entre tus padres que muestran amor o costumbre. Es algo no muy usado en la narrativa…
–Eso tiene que ver con la memoria, pero también tienen que ver con ciertos vicios de la lengua. En esa zona de México, la lengua tiene que ver con los eufemismos, con los secretos, esos diálogos tienen una carga mucho más cruel, violenta, melancólica. Nunca se dice lo que se está pensando y el interlocutor tiene que adivinar lo que el otro está diciendo. Volver a México implica para mí volver a ese código. En España hay un choque cultural muy fuerte por la forma directa que hay allí. Nosotros entendemos esa forma directa como agresión, como algo personal, que es contigo y no lo es, es otra forma de usar la lengua. Nosotros contamos nuestras historias de infancia y siempre sospechamos que hay algo que no nos dijeron. Cuando te haces mayor y comienzas a entender, surgen los secretos, que son la materia prima de la literatura.

–Crecí en un hogar disfuncional y no recuerdo a nada que me recuerde a la conversación…
–Exacto
–Además, todo tiene que ver con el castigo. La madre de Juan Pablo compraba nopales en determinado lugar, porque eran los más tiernos y el no llegar a comprarlos trae aparejado un castigo, por lo menos en la infancia
–Sí, al castigo y a la culpa. Es una novela muy culposa. La historia del hijo pródigo tiene que ver con los méritos y la culpa. El protagonista retorna a casa porque cree que se lo debe a los padres. Hay una sensación de culpa, de no ser agradecido. Mis personajes suelen ser muy torpes. Primero, porque la torpeza es chistosa, es una de las bases de la comedia. El personaje es involuntariamente cómico. Son torpes además porque les suceden muchas cosas. Me interesan las tramas enredadas, que van vinculando hechos y cuando el torpe abre la puerta de la casa ya se enredó en alguna cosa. El narrador parte aquí con un gran conocimiento y termina con mucho menos conocimiento.

–Eso nos pasa a todos los migrantes, que cuando volvemos a la familia, esa no es la que está en nuestra cabeza
–Pero además hay una desconexión real. No soy de aquí, ya no acabo de entender y luego que los demás no te dejan entrar. No te dejan volver. Te dicen: –Vete
–Yo soy fanática de Emmanuel Carrere y sin embargo esta novela es anti Carrere…pero me gusta igual
–Yo digo que el instinto de Carrere podría calificarse de autoficción, a pesar de que no maneja la ficción. A diferencia de él lo que les sucede a mis personajes tienen que ver con preguntas. ¿Qué sucedería si cuando me fui a vivir a Barcelona todo hubiera salido mal? (No voy a pedirle a nadie que me crea, Anagrama). Ahora, ¿qué hago y de qué escribo? (Peluquería y Letras, Anagrama). Ahora en El pasado está detrás de nosotros (Anagrama), la pregunta es ¿Qué pasa si vuelvo a mi pueblo a cuidar a mis padres? Son preguntas muy abiertas, en las que a partir de ese cuestionamiento yo exploro posibilidades narrativas, que no tienen nada que ver con lo que me ha sucedido, sino que a partir de ahí hay realidades políticas, sociales, detrás de estos personajes. Son simples exploraciones de la identidad, son otros yo que tengo y que están en esos libros.

LA TROMPADA MONUMENTAL
Lejos de ir a comprar nopales al lugar indicado, el Juan Pablo de esta novela le mete una piña monumental a su archienemigo Servando. La trompada recorre un poco la historia de la literatura en plano metafórico y se convierte como en una especie de proyectil en toda la novela.
¿Por qué cosas daríamos trompadas en la sociedad?
–Esa trompada tiene mucho que ver con dos niveles de violencia. Una relación que tiene que ver con términos sociales y políticos, que sucede en México y particularmente en Lagos de Moreno. Luego hay otra más íntima, cómo ese personaje es incapaz de asimilar y enfrentarse a situaciones de violencia. La violencia me asusta y me pone en conflicto. Veo la violencia y me infantilizo, que es lo que le pasa al personaje. Siempre he sido irónico y por eso no he usado la violencia. Siempre usé el ingenio, en lugar de la violencia. La burla, la broma, el doble sentido, diciendo tú eres más fuerte, pero tú eres un estúpido. Mis novelas son lo mismo. Ahora bien le daría una trompada a situaciones que tienen que ver con el contexto social, situaciones de desigualdad, de discriminación, por supuesto la estupidez humana…
–¿Los viejos nos volvemos más violentos?
–Creo que no, los viejos nos volvemos menos pacientes
Uno de nuestros mayores narradores también habla de su cine, de las novelas aplicadas a la pantalla. Escucha toda la entrevista en nuestro canal de YouTube











