José María Arguedas

Vuelve la novela más ambiciosa de José María Arguedas: Todas las sangres, por el FCE

La tensión entre Arguedas y Vargas Llosa refleja la fractura histórica del Perú: la nación dividida entre la herencia andina y el proyecto criollo-moderno. Mientras Arguedas soñó con un diálogo de “todas las sangres”, Vargas Llosa apostó por un país integrado al mercado global. Su disputa, más que literaria, es un debate sobre qué significa ser peruano.

Ciudad de México, 21 de mayo (MaremotoM).- La editorial Tierra Firme y el Fondo de Cultura Económica acaban de publicar Todas las sangres, de José María Arguedas, en un gesto que nos obliga a recalar en este autor, uno de los más importantes del Perú.

Nació en 1911, murió en 1969 y además de escritor fue antropólogo, defensor de la cultura indígena. Su obra fusiona la narrativa en español con la cosmovisión quechua.

Precisamente, hubo una tensión entre Mario Vargas Llosa y José María Arguedas, por representar a dos Perú diferentes. Podría decirse que esa tensión, esa grieta, no se ha resuelto y es patrimonio de una situación política tremenda en ese bello país latinoamericano.

Arguedas acusaba al autor de La ciudad y los perros de ser “extranjerizante” y en su ensayo Último diario defendió una literatura arraigada en la cultura andina.

Vargas Llosa, en tanto, acorde con sus tendencias liberales y su concepto de raza, criticó el “misticismo indigenista” de Arguedas en La utopía arcaica (1996), argumentando que idealizaba un mundo premoderno incompatible con la democracia liberal y representando la integración de Perú a la cultura occidental.

La tensión entre Arguedas y Vargas Llosa refleja la fractura histórica del Perú: la nación dividida entre la herencia andina y el proyecto criollo-moderno. Mientras Arguedas soñó con un diálogo de “todas las sangres”, Vargas Llosa apostó por un país integrado al mercado global. Su disputa, más que literaria, es un debate sobre qué significa ser peruano.

José María Arguedas

José María Arguedas se quitó la vida el 2 de diciembre de 1969 en Lima, disparándose en la cabeza. Su muerte ocurrió tras décadas de lucha contra la depresión y varios intentos previos de suicidio. El acto finalizó una vida marcada por la tensión entre su identidad quechua y su inserción en el mundo académico criollo, además de que padecía diversas enfermedades, entre ellas sufría de sífilis terciaria, enfermedad que le causaba dolores crónicos y afectaba su sistema nervioso.

Su muerte lo elevó a ícono de la lucha indígena y la melancolía del intelectual latinoamericano. Escritores como Julio Ortega o Elena Poniatowska han revisitado su figura como un mártir cultural. El poeta peruano José Watanabe ha dicho: “Arguedas no se mató: lo mató el Perú”.

José María Arguedas
Editó el Fondo de Cultura Económica. Foto: Cortesía

TODAS LAS SANGRES

Todas las sangres se publicó en Perú en 1964 y simboliza la diversidad étnica del Perú y la violencia histórica entre grupos.

Dice la destacada escritora Betina Keizman, autora entre muchas otras novelas de El diablo Arguedas, que “Todas las sangres es la gran novela de Arguedas, en la que otra vez toma uno de los que son sus grandes temas. El conflicto racial, el problema de la modernización de la vida indígena, de la dificultad de la modernización de la vida indígena y el progresivo avance de los grandes poderes económicos internacionales, todo esto en Perú, en sus distintas regiones”.

“El inicio de Todas las sangres es inolvidable. Aparece este gran patriarca latifundista enloquecido, degradado, en el campanario de la Iglesia del pueblo y desde ahí insulta y maldice a sus hijos, los acusa de haber robado sus tierras y deja todas sus tierras, lo que le queda a los indios y después se va a suicidar.

José María Arguedas
José María Arguedas, escritor peruano. Foto: Cortesía

Y esto anticipa la particularidad del enfoque de Arguedas sobre estos temas suyos, en que sin dejar de considerar los conflictos históricos, políticos y económicos, se detiene muy particularmente en el sufrimiento psíquico. Esa es la forma en la que Arguedas aborda estos temas o la particularidad del toque arguediano cuando trata estos temas. La alienación que produce el sistema, tanto el feudalismo de la sierra como el capitalismo imperialista que está ingresando al país”.

“Esa alienación psíquica, ese sufrimiento psíquico, que como un virus enferma todo lo que toca. Y me parece que ese enfoque es lo que lo convierte en un escritor profundamente contemporáneo. Y la otra particularidad para mí que es conmovedora en Arguedas es que consigue que su escritura exprese una sensibilidad con todas sus riquezas, sus matices, la sonoridad, la percepción de la naturaleza y de los otros.

“Yo había leído a Arguedas hace muchísimos años, en la facultad. Volví a Arguedas con El zorro de arriba y el zorro de abajo y me partió la cabeza. Empecé a ver su actualidad, sus textos entrarían dentro de lo documental, es como una novela y entiende formalmente su vigencia. Me acordaba también los debates con Julio Cortázar, él hubiera representado un poco lo anticuado y Cortázar era el cosmopolita. Me llevó a pensar mucho en todo eso. Volví a leer todo José María Arguedas, me pareció de nuevo como una escritura que mantiene una vigencia extrema. Esta modernidad que veo en la escritura es una respuesta a un problema, desde un rigor ético y la muestra de que lo que él quería expresar. No soy una experta en literatura peruana, con todos los huecos que pudiera tener mi lectura que los tiene, pienso que José María Arguedas en estos tiempos no podría existir”, afirma Betina Keizman en entrevista para maremotom.com

A Arguedas hay que leerlo desde el presente: Betina Keizman

“Aunque en muchos sentidos lo que narre tenga que ver con progresivas derrotas, con desbarrancos materiales, ecológicos, urbanos, de pueblos emocionales, la novela también dice algo diferente. Porque en su materialidad, en la materialidad de su escritura, produce una resistencia. Se sostiene una belleza del lenguaje que tiene un poderío enorme y que es un modo de redención en la literatura”, concluye Keizman.

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