Daniela Lomartti

DANIELA LOMARTTI Y ANAPOYESIS: LA ENERGÍA DE LEER DESDE LA CIENCIA FICCIÓN MEXICANA

La editora insiste en que la ciencia ficción, a diferencia de géneros como el terror, se escribe desde el presente: “Nos habla del cambio climático, de la violencia, de la marginalidad. Nos plantea qué futuro posible podemos imaginar en América Latina”. Y no se trata solo de literatura: en su visión, también son materia narrativa los dramas cotidianos que atraviesan al país.

Ciudad de México, 17 de septiembre (MaremotoM).- En el panorama cultural mexicano, donde las revistas literarias buscan abrirse camino, Anapoyesis. Literatura, arte y cultura se ha convertido en un proyecto que se atreve a mirar más allá de los límites tradicionales. Su directora, Daniela Lomartti, sostiene que la ciencia ficción dejó de ser un género marginal para convertirse en un espejo del presente y en un laboratorio de futuros posibles.

LA CIENCIA FICCIÓN REVELA LA REALIDAD EN LA LITERATURA MEXICANA

“Me pareció muy bueno el reportaje sobre ciencia ficción que publicaron en MaremotoM”, dice, recordando que allí se destacaban temas esenciales para entender el género hoy en México: la relación entre tecnología, sociedad, naturaleza y humanidad. “También se mencionan autores conocidos, como Andrea Chapela o Roberto Abad, a quien publicamos en Anapoyesis. La ciencia ficción no es una moda: o la tratamos o no hablamos de literatura mexicana”, afirma con convicción.

Fundada en 2021, en pleno confinamiento pandémico, Anapoyesis nació como un proyecto autogestivo y gratuito en internet. Con el tiempo, dio el salto al papel, presentándose en la FIL del Zócalo y en universidades como la UAM, la UACM y centros culturales de Puebla y Michoacán. Desde entonces, cada número ha sido temático y cuidado como si se tratara de un experimento editorial: once entregas que han explorado desde las distopías hasta la noción de espacio-tiempo en la ficción.

Anapoyesis
Concurso de cuentos de Anapoyesis. Foto. Cortesía

El propio nombre de la revista es una declaración de intenciones. “Lo tomé de un cuento de Salvador Elizondo, Anapoyesis, incluido en Cámara lúcida”, explica Lomartti. En ese relato, un físico crea un aparato, el Anapoyetrón, capaz de medir la energía desprendida por los versos de un poema inédito de Stéphane Mallarmé. “Quise que el título funcionara como metáfora: al leer, ponemos energía en el texto, y esa energía es la anapoyesis. Así concibo la literatura”.

En las páginas de la revista conviven narrativa, poesía, minificción y ensayos. Uno de ellos, Las distopías son para perdedores, del académico Amadís Ross, provocó polémica en redes sociales: algunos entendieron que llamaba “perdedores” a los mexicanos, cuando en realidad buscaba sacudir la dependencia de los modelos estadounidenses para invitar a construir una ciencia ficción propia. “Ese ensayo fue muy importante para nosotros, porque abrió debate. Eso también es lo que buscamos: cuestionar la industria cultural dominante y mirar hacia nuestra riqueza cultural y social”.

Anapoyesis
Literatura, Arte y Cultura. Foto: Cortesía

La editora insiste en que la ciencia ficción, a diferencia de géneros como el terror, se escribe desde el presente: “Nos habla del cambio climático, de la violencia, de la marginalidad. Nos plantea qué futuro posible podemos imaginar en América Latina”. Y no se trata solo de literatura: en su visión, también son materia narrativa los dramas cotidianos que atraviesan al país.

Recordó lo que recientemente pasó en Iztapalapa: “Me parece extraordinario que los mexicanos damos lo que no tenemos. Hubo gente que llevó cubetas de agua para auxiliar a las personas y una joven que salvó a su hermana porque se le olvidó el termo en casa; después, como agradecimiento, repartió gelatinas a los trabajadores que limpiaban. Esas historias también hay que narrarlas”.

El último número de Anapoyesis se titula Cronotopías y explora la relación entre tiempo y espacio en la ficción. Incluye un cuento del venezolano Rafael Figueredo Oropesa, El reloj de Zenón, donde una máquina se convierte en un experimento mental sobre la percepción temporal, así como una reseña al libro Constelaciones imaginarias, de la propia Lomartti.

Daniela Lomartti
Con su revista. Foto: Cortesía

Disponible en línea de forma gratuita, la revista mantiene además ediciones impresas en dos formatos: carta y media carta. Los números oficiales se distinguen por un marco blanco en su diseño, mientras que los especiales apuestan por paletas de colores. “Queremos que sea un espacio abierto, accesible y experimental”, señala su directora.

Así, con once números publicados y presentaciones dentro y fuera de la capital, Anapoyesis se consolida como una revista que no teme desafiar etiquetas, capaz de conjugar lo literario con lo social y de proponer lecturas que, como el Anapoyetrón de Elizondo, liberan energía al ser leídas.

Quienes deseen consultarla pueden hacerlo de manera gratuita en redes sociales: en Facebook (Anapoyesis literatura, arte y cultura), en Instagram (@anapoyesisrevista) y en YouTube (Anapoyesis Revista).

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