El hombre heterosexual puede ser gordo, borracho, tener barba, andar con una chiquita de 18 años. El heterosexual arraigado y de alguna manera animalizado está en un sofá de mucho confort, pero creo que eso va a cambiar.
Ciudad de México, 28 de enero (MaremotoM).- El fotógrafo, director de cine y narrador César Saldívar (Monterrey, México, 1965) da a conocer La cicatriz de la sirena (Editorial UANL, 2024), un conjunto de 13 relatos que narran la homosexualidad.
Este es el segundo trabajo que Saldívar edita con la empresa universitaria de Monterrey, puesto que el primero fue Del caos nacen las estrellas.
“Este libro, La cicatriz de la sirena, tiene a todos los personajes que viven una línea de diversidad sexual y de distintas orientaciones y de identidad. Que la universidad avale un libro con esta intensidad y con este sentido crítico, me parece muy positivo para la institución y para mí como artista me parece un logro necesario”, dice César en entrevista.
–Hace 30 años no se hablaba de la diversidad como se habla ahora
–No se hablaba de los géneros ni de nada. No estaba la claridad que tiene la sociedad hoy, ni la visibilidad que los grupos han ido consiguiendo a través de las comunidades. Claro, que desafortunadamente, esta evolución cayó en un pozo, donde es importante reflexionar. Con este libro me permito tener esta voz social, porque no he escuchado todavía hablar de este tema tan concreto.

–Los homosexuales se casan, tienen hijos, pero al mismo tiempo han perdido como esta cuota revolucionaria que tenían antes…
–Es que, por ejemplo, estoy a favor de las uniones legales por los derechos que conllevan y las responsabilidades. Claro, que muere alguien y alguien hereda. En el pasado, como las parejas no eran aceptadas en sus respectivas familias, moría alguien, llegaba la familia con la cual ni se hablaba el personaje y esas familias que tenían 20 años de no hablar recogían la riqueza y a la pareja la ponían en la calle. Entonces sí estoy de acuerdo en uniones que reserven los derechos y las responsabilidades de una pareja, pero que de ahí a que se llame matrimonio, igual que la institución heterosexual y que se conviertan en etiquetas que detesto. Tienen una carga de tal energía y de tal significado que nos llevan precisamente a áreas convencionales y donde se deja este sentido revolucionario que mencionabas.
–Cuando era chica, por ejemplo, para mí la homosexualidad representaba como cierto grado de revolución…
–Es que lo era. Cada niño revolucionó. Había que abrirse paso también. La libertad de la mujer era revolucionaria, las feministas eran revolucionarias. El ser humano era revolucionario y el único que estaba en un lugar cómodo era el heterosexual aparente, porque estaba cómodo en el patriarcado. Ahora, con esta diversidad de tantas letras en las clasificaciones, creo que debemos integrar también la H, porque ya el heterosexual tiene que formar parte de este espectro y estar todos en el mismo universo que es el humanismo, la naturaleza propia del ser humano. Y no ser el central.
Este libro es más humanista que un libro queer.
–Usted no vivió de la literatura
–No, soy fotógrafo y cineasta.
–¿Qué valora más ahora? ¿La palabra o valora más la imagen?
–Para mí, construir una fotografía es siempre con una intención social. Tengo muchos retratos, libros de retratos y libros de desnudos. He trabajado con casi todo el cine español, con casi todo el cine mexicano, desde figuras como Almodóvar hasta Jodorowsky. Mi acervo como fotógrafo es muy grande, pero mi postura fue muy antropológica, sociológica. Nunca fui un fotógrafo superficial o de moda. Siempre había algo más fuerte en mi discurso estético. Con esa misma crudeza escribo. Entonces, los claroscuros que están en mis retratos también están en mis personajes literarios, porque lo importante es que llegue el mensaje y si es a través de la imagen, de la palabra, de la música, del performance, pues cada uno con su libre expresión.

–Con La cicatriz de la sirena, ¿qué intenta lograr?
–Me gustaría imaginar que detrás de este libro hay una reflexión personal. Que cada lector consiga reflexionar cuál es su postura. No tiene que ser pública, no tiene que pertenecer a ningún grupo, pues no soy panfletario ni soy activista. Cuando una madre le dice a su hijo, que está enamorado de una chica trans, eso es un hombre con peluca, quiero que el lector, cuando lo lea, piense, esta señora está equivocada o esta señora está correcta. O sea, estoy a favor o en contra del personaje. Y ahí te vas posicionando donde estás colocado frente a la diversidad.
–¿Qué piensas de Monterrey?
–Es la primera vez que escribo con un tinte localista. Hay unos personajes ahí donde el chico habla súper fresa y vive en la colonia del Valle, en San Pedro. También debo reconocer que después de 30 años de vivir en Madrid, cada vez que vengo a Monterrey lo veo más cambiado, más evolucionado. Por ejemplo, la Marcha Gay, que antes eran 15 gentes que se atrevían a aparecer, ahora se ha convertido en 300 mil o medio millón. La Marcha Gay, que está muy bien que se haga, pero que debiera no ser necesaria, porque también distorsiona en sus mensajes.
–¿Qué grado de autocrítica usted hace con este libro a la eterna juventud? La imagen de los homosexuales que tienen que ser bonitos, que tienen que ser delgados, que tienen que ser…
–Es que eso es parte del sistema. Está también el personaje que es consentido por el mainstream, como esos personajes transexuales que están como en las televisoras, pero que se vuelven como los bufones del hetero patriarcado, que no promueven en sí mismos la igualdad ni la tolerancia, sino que son el punto de risa, el punto atrevido. Es el humor de la masa y la masa sigue siendo violenta con el homosexual, sigue habiendo intolerancia. La intolerancia es violencia, no tienes que pegarle a alguien para estarlo violentando. Exigir que la persona gay tenga esas características es como lo mismo que se le exige a la mujer.
El hombre heterosexual puede ser gordo, borracho, tener barba, andar con una chiquita de 18 años. El heterosexual arraigado y de alguna manera animalizado está en un sofá de mucho confort, pero creo que eso va a cambiar.












Gracias por hablar con tan bella forma de la realidad intrínseca de la homosexualidad y sus diversas manifestaciones y vivencias. Que maravilla saber desde la propia Existencia la verdad intrínseca de una realidad humana que va más allá de lo que nos han querido domesticar.